El juez Baltasar Garzón lo tiene claro. El perito Manuel Escribano "puso en circulación mediante su envío al diario El Mundo en fecha que no consta", pero entre julio y septiembre, un informe con observaciones "perversas e impropias" en el que vinculaba el 11-M con ETA por el hallazgo de ácido bórico en las casas de un islamista y de un etarra. Su intención, a juicio del juez, era "dar pábulo" a "un cierto debate social" que busca "desacreditar" la investigación sumarial y policial de la matanza.

Garzón explica en una resolución que Escribano, con los peritos Isabel López y Pedro Manrique, "fabricaron" un informe el 11 de julio, al que pusieron fecha del 21 de marzo del 2005, cuando fue presentado a su superior. Este, Francisco Ramírez, eliminó las referencias entre el 11-M y ETA "porque ni eran ciertas ni científicamente sostenibles", ya que el ácido bórico es "inocuo".

Para el magistrado, la intención del informe de Escribano buscaba "ofrecer un resultado irreal, contrario a la línea de investigación policial y judicial, y con el fin de cuestionarla". El juez llega a esa conclusión tras comprobar que Escribano omitió en su informe el hallazgo de ácido bórico en la casa de un anarquista. También que, años antes, Escribano y López habían firmado un dictamen en el que negaban que el ácido bórico fuera una "sustancia explosiva".

LA SECUENCIA Garzón afirma que la "omisión" de ese hecho en su borrador no fue "casual", sino "perfectamente meditada, porque, de su presencia o no, dependía poder mantener o no la posibilidad" de las relaciones entre los islamistas y los etarras.

Por otro lado, el Consejo General del Poder Judicial se negó ayer a conceder el amparo solicitado por Garzón tras las virulentas críticas a que ha sido sometido por varios medios. Los vocales alegaron que no era necesario ese apoyo porque ya no investiga ese hecho al haberse inhibido al decano de Madrid.