Los socialistas, que consideran que el candidato de CiU, Artur Mas, quedó muy tocado en el debate del pasado viernes en TV-3, hurgaron ayer en la herida convergente con la ayuda del presidente del Gobierno y líder del PSOE, José Luis Rodríguez Zapatero.

Este se encargó de desmontar uno de los argumentos insinuados desde hace meses por los dirigentes de la federación nacionalista: el de un supuesto pacto entre Zapatero y Mas para que el PSC acepte al líder de CiU como president. De manera rotunda, el líder del PSOE dijo que Montilla tiene abiertas "todas las posibilidades" de pacto y que, en todo caso, "siempre podrá pactar" con él.

DOS CLASES DE POLÍTICOS En el mitin que el PSC celebró ayer en Lérida, Zapatero no fue nada amable con Mas, a quien nunca citó por su nombre. El presidente distinguió entre dos clases de políticos: los que se han ganado a pulso lo que tienen, y los que han llegado "por enchufe"; los que tienen bastante con dar su palabra para ser creídos por los ciudadanos y los que han de ir al notario por falta de credibilidad. Obviamente, colocó a Montilla en el lado positivo de las disyuntivas, y a Mas, aunque sin citarlo, en el negativo.

Zapatero también comentó la propuesta de Mas de crear un carnet por puntos para premiar a los inmigrantes que demuestren estar integrados en Cataluña. "No vamos a permitir que nadie lleve a cabo políticas discriminatorias. A los inmigrantes hay que integrarles. No se puede crear la figura del ciudadano de segunda categoría", advirtió. Para acabar de reafirmar su apuesta por Montilla, dijo: "Pido el voto para él con tanta o más intensidad de la que pondré para pedirlo para mí en las elecciones generales".

El PSC insiste en que su militancia y su electorado constituyen la mejor fotografía de la sociedad catalana actual. Zapatero hizo suyo este discurso al señalar que el PSC "sabe articular la convivencia en Cataluña como ningún otro". Este modelo de convivencia pasa, según Rodríguez Zapatero, por construir un país en el que "todos se sientan libres, iguales y respetados, hablen la lengua que hablen y con independencia de su lugar de nacimiento".

Montilla, Pasqual Maragall y los numerosos dirigentes del PSC que se encontraban en el pabellón donde tuvo lugar el mitin no podían ocultar su satisfacción por el tono empleado por Zapatero.

EL RECUERDO Lo que acababan de escuchar estaba en las antípodas del modo de actuar de Felipe González quien, en 1992, en plena campaña y a pocos días de los comicios catalanes, con Raimon Obiols como candidato, viajó a Barcelona para reunirse en privado con Jordi Pujol, encuentro que fue oportunamente divulgado y aprovechado por CiU.

A 10 días de las elecciones, Montilla se lanzó ayer a fondo en busca del voto útil. Cuatro veces seguidas, en catalán y en castellano, el candidato del PSC proclamó que su deseo es el de poder gobernar como lo hace Zapatero, quien, sin disponer de mayoría absoluta, gobierna en solitario con apoyos exteriores.

NEGOCIACIÓN POSELECTORAL Montilla añadió, también en cuatro ocasiones, que solo un Ejecutivo socialista fuerte le permitiría gobernar sin hipotecas, sin condicionantes y "sin pactos que aten de pies y manos". Solo así, añadió, será posible contar con un Ejecutivo eficaz y sólido. En otras palabras, los socialistas quieren llegar a la negociación poselectoral para reeditar el tripartito más fuertes que en el 2003.

Esta mayor fortaleza, según el PSC, solo la conseguirá con un aumento en el número de sus diputados y la consiguiente disminución de los de ICV-EUiA y de ERC. En el caso concreto de Esquerra, el PSC confía también en que este hipotético descenso de diputados republicanos impida que puedan llegar a formar mayoría absoluta con CiU.