El delicado momento que atraviesa el proceso de paz ha disparado las alarmas en Batasuna. Sin censurar en público el robo de 350 pistolas en Francia, atribuido a ETA, los portavoces aberzales admiten que el resurgimiento de la actividad etarra en el país vecino agudiza el riesgo de ruptura del proceso abierto tras el alto el fuego. En suspenso el anunciado diálogo formal entre el Gobierno y ETA, Batasuna ve con preocupación cómo se alejan sus expectativas de un pronto regreso a la legalidad.

El calendario corre y las elecciones municipales de mayo del 2007 se aproximan, pero la izquierda aberzale sigue sin dar el paso de registrar unas nuevas siglas y unos estatutos respetuosos con la ley de partidos. Antes reclama garantías de que los jueces no perseguirán a ese nuevo partido, aunque lo que de verdad espera es que haya avances en el diálogo entre Gobierno y ETA que le aseguren la vuelta a los ayuntamiento. Si el diálogo sigue atascado y su legalización aplazada, Batasuna teme regresar al ostracismo político al que le condenó la ley de partidos.

Ayer, el dirigente aberzale Joseba Álvarez no quiso dar por seguro que la acción del martes en el sur de Francia fuera obra de ETA. Mucho menos condenarla. Pero sí apuntó que, de confirmarse la "responsabilidad" de la banda en el robo, se pondría de relieve hasta qué punto "es grave" el estado del proceso de paz y precisa de soluciones urgentes.

ALAS PARA LOS RADICALES Las bases de Batasuna piden movimientos del Gobierno en contrapartida al alto el fuego de ETA. Desde ese mundo se percibe que hasta ahora todos los esfuerzos han procedido de la banda y su entorno, y que la negativa del Ejecutivo a acercar a Euskadi a los presos etarras y legalizar a Batasuna alimenta a los sectores más radicales, partidarios de elevar la presión para obtener frutos a corto plazo.

Instalada en el victimismo, la izquierda aberzale enumera a diario las "agresiones" judiciales y policiales sufridas, de las que culpa a un PSOE que se aferra a la independencia judicial para explicar los procesos contra Batasuna y su entorno.

Si en algo coinciden ambas partes es en la percepción de que los escollos se acumulan. La kale borroka ha crecido en intensidad en las últimas semanas, evidenciando el descontento aberzale. Y el robo de las pistolas en Francia, además, ha despojado a Batasuna de su gran coartada: culpar en exclusiva al Gobierno de la crisis del proceso.

El Ejecutivo de José Luis Rodríguez Zapatero, sin embargo, no puede hacer ahora gestos de distensión porque se interpretaría como un signo de debilidad ante la presión etarra. De este modo, la cuerda se tensa por ambas partes, lo que eleva el riesgo de ruptura. La necesidad de superar el bloqueo del proceso es más acuciante que nunca.

En este contexto, el líder de Batasuna, Arnaldo Otegi, compareció ayer en San Sebastián con dos propósitos: por un lado, exigir al Gobierno que "desactive" la ley de partidos y la doctrina Parot, que impide la excarcelación de etarras con condenas centenarias; por el otro, asegurar que la izquierda aberzale "mantiene intacta" su apuesta, expresada en el 2004 en Anoeta, a favor de la paz mediante una solución dialogada del conflicto vasco.

REPROCHES AL PRESIDENTE El PNV, por su parte, dio ayer un tirón de orejas a Zapatero por "improvisar" en el proceso de paz, informa Ana Garbati. El portavoz peneuvista, Iñigo Urkullu, puso como ejemplo el escaso margen de apoyo que obtuvo en el Parlamento Europeo la resolución en favor del diálogo con ETA.

Urkullu, estrecho colaborador del líder del PNV, Jon Josu Imaz, alertó de que los "movimientos" poco trabajados pueden poner en peligro el diálogo entre los partidos vascos. Citó en concreto la advertencia de Zapatero sobre las "consecuencias" que tendrá el robo de pistolas en Francia si se confirma que obedeció a una orden de la cúpula de ETA.