Ya está. Se acabó la campaña electoral catalana más incierta desde los primeros comicios autonómicos, los de 1980. Las dudas sobre el resultado se han multiplicado por la disparidad de las previsiones demoscópicas, por la aparente apatía social y, sobre todo, por la posible combinatoria de coaliciones poselectorales. Factor, este último, que podría prolongar la vacilación hasta días después de la cita con las urnas.

Inducidos por ese elevado grado de incertidumbre, los estrategas de las dos principales candidaturas, la del socialista José Montilla y la del nacionalista Artur Mas, han echado toda la carne en el asador. Ayer, último día de la campaña, el PSC hizo una auténtica exhibición. Por la mañana, llevó al presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, y a su esposa, Sonsoles Espinosa, de paseo por Santa Coloma de Gramenet, quintaesencia de la Barcelona metropolitana de clase trabajadora y origen inmigrante cuyo voto pretende despertar Montilla. También ayer, la candidatura de Montilla recibió el apoyo de 250 profesionales maragallistas.

COLABORACIÓN ACTIVA Con la más que activa colaboración de Zapatero (nunca antes los socialistas catalanes habían recibido de un presidente del Gobierno ni la mitad del respaldo que Zapatero ha prestado a Montilla), el PSC intenta vencer el desinterés que apuntan las encuestas en el electorado de las áreas metropolitanas catalanas.

Con ese objetivo, Zapatero, que equiparó a Montilla con Lula, que acaba de ganar por segunda vez las presidenciales brasileñas, se empleó a fondo para movilizar el voto socialista. El presidente dedicó buena parte de su discurso a justificar el voto para el PSC, del que dijo es el partido que mejor refleja la realidad catalana. Votar a Montilla, sostuvo, supone optar por "una Cataluña de todos, una Cataluña social". Votar por CiU, dijo, sería "hacer marcha atrás".

Zapatero recordó que, en los últimos años, el PSOE y la mayoría de progresistas españoles han hecho frente a los ataques de la derecha contra Cataluña. Echó en cara a CiU el apoyo que dio al PP en los ocho años de Gobierno de José María Aznar. "Dicen que se arrepienten. Pues les quedan años de penitencia".