Cuando Pedro Sánchez y Pablo Iglesias se reúnan el próximo miércoles quedarán cinco semanas escasas para salvar la legislatura o prepararse para unas nuevas elecciones. En ese encuentro residen las pocas esperanzas que les quedan a ambos partidos para salvar la situación y esquivar unos comicios que a ninguno de los líderes les favorecen. A Iglesias, por la pugna interna que desangra a Podemos. A Sánchez, por la amenaza de que Susana Díaz intente arrebatarle la secretaría general si fracasa. Con ese horizonte ambos dirigentes conversaron ayer durante media hora, por teléfono, en una llamada que inició el socialista y que ha de ser la antesala de la reunión tras la Semana Santa.

El papel de Ciudadanos sigue siendo el mayor escollo. Sánchez transmitió a Iglesias que reivindica el pacto con la fuerza naranja, un acuerdo que quiere abrir al otros partidos para que se sumen. Iglesias, en cambio, sigue sin aceptar que Albert Rivera participe en el gobierno de cambio que promueve y que debe de estar inspirado en la fórmula valenciana.