Cualquier dirigente de la derecha española o de Ciudadanos se escandalizaría al escuchar los discursos de los nueve presos independentistas tras el indulto concedido por el Gobierno, en favor de la independencia y la amnistía. Pero cualquier analista mínimamente informado puede sacar otra conclusión: la jornada de este miércoles tuvo una fortísima carga emocional para el independentismo, que trató de no concederle al Gobierno el mérito de la libertad de los presos, pero estos tampoco ensayaron, ni por asomo, ningún mensaje parecido al "lo volveremos a hacer" de Jordi Cuixart en el juicio del procés.

La carga emocional fue notable, dado que se trata de nueve dirigentes que fueron condenados a cien años de reclusión, que han estado más de tres años privados de libertad cada uno de ellos, con entradas y salidas en régimen de tercer grado, y en un contexto de alto voltaje político tras el convulso otoño del referéndum. Las sonrisas de los siete encarcelados en Lledoners, portando la pancarta del 'Freedom for Catalonia' y una bandera estelada, resumen el impacto de la jornada, junto a los abrazos que repartieron la expresidenta del Parlament, Carme Forcadell y la exconsellera Dolors Bassa, al salir de las cárceles de Wad Ras y Puig de les Basses, respectivamente. Todos arropados por el Govern, su presidente, y numerosos dirigentes políticos y sobre todo ciudadanos independentistas de a pie, a quienes los indultados agradecieron con sinceridad las muestras constantes de solidaridad recibidas durante más de tres años de reclusión.

Carme Forcadell, primera indultada en abandonar la prisión Agencia ATLAS | Foto: EFE

Ya en el terreno político, el discurso más sereno y con más lecturas en clave de nuevo tiempo fue el del líder de ERC y exvicepresidente del Govern de Carles Puigdemont, Oriol Junqueras: "Salimos con el compromiso de trabajar por la política, para hacer lo que nunca debería haber salido de la política". El compromiso de Junqueras de hacer política es paralelo a su significativa cara de hace tan solo dos semanas en la que se desmarcaba de las vías unilaterales para acceder a la independencia. Ese fue el mensaje, el de Junqueras, más cercano a una mano tendida al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez.

Tampoco el president Pere Aragonès, se salió de este guión, y en una intervención breve tras recibir a los ya expresos, apostó por "una solución democrática, que la gente vote el futuro de Catalunya en un referéndum, donde defenderemos la independencia y la república catalana”. Aragonès, como todos los que intervinieron, se acordó de los exiliados y reclamó amnistía.

Reafirmación con mayor o menor intensidad

Todos los indultados se reafirmaron, sí, en sus ideales independentistas. Pero no hubo ni un "lo volveremos a hacer", pese a que esto es lo que gritaban algunos de los congregados en Lledoners ante la tarima en la que hablaron los siete exdirigentes políticos y sociales. Jordi Cuixart fue el más encendido, pero sin amenazas a repetir el camino del 2017. "No existe el indulto que hará callar al pueblo de Catalunya, no nos han hecho callar y no callaremos nunca”. Turull, también en tono desafiante, proclamó: "Nuestro compromiso para culminar lo que comenzamos el 1-O ni es parcial, ni revisable ni condicionado".

Jordi Sànchez, secretario general de Junts, que ha vivido una reciente polémica al afirmar que el referéndum intentaba lograr una negociación y no la independencia (texto que ha sido recogido en los argumentos del Gobierno para indultarle), sí quiso reafirmar ante la parroquia independentista que no renunciará a nada a cambio de la medida de gracia: "No tiraremos hacia atrás, no aceptaremos ningún silencio a cambio de ningún indulto". Sànchez tampoco fue más allá en su autoafirmación.

Forcadel y Bassa hablaron de victorias parciales e insistieron en la necesidad de lograr la amnistía. Tras los discursos, breves, todos optaron por reconquistar su vida personal y familiar a la espera de un acto de reconocimiento que probablemente les haga el Parlament.