La acogida en España del general venezolano Miguel Rodríguez Torres es un movimiento inédito, porque se trata del primer miembro de la excúpula chavista al que nuestro país da refugio. Llevaba cinco años encarcelado, acusado de sedición. Se había enfrentado al régimen que él mismo ayudó a levantar: fue ministro de Interior y creó la temida policía política venezolana, el SEBIN (Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional), acusada de asesinatos políticos y de una dura represión de la disidencia del país, especialmente de las protestas estudiantiles de 2014.

Él creó La Tumba, doce celdas en el sótano de un edificio del SEBIN en Plaza Venezuela donde, bajo su dirección, me detuvieron y me torturaron”, denuncia a EL PERIÓDICO DE ESPAÑA Lorent Saleh, activista opositor detenido por el régimen venezolano y refugiado en Ribadeo (Galicia) desde 2018. “Me aislaron por completo, me sometieron a temperaturas muy bajas y a la exposición de luz blanca las 24 horas del día” explica Saleh, que fue galardonado con el premio Sájarov de Derechos Humanos por el Parlamento Europeo en 2017, durante su cautiverio. 

Miguel Rodríguez Torres, de 59 años de edad, llegó al aeropuerto Adolfo Suárez de Madrid este domingo a las 06:25, en un vuelo procedente de Santo Domingo (República Dominicana), donde había hecho escala, según ha podido saber este diario de fuentes venezolanas con acceso al plan de vuelo. Salió un día antes del aeropuerto Internacional de Maiquetía Simón Bolívar de Caracas, donde le acompañaron dos funcionarios españoles, según las mismas fuentes.

El Ministerio de Exteriores no ha querido confirmar ni desmentir esta información, ni tampoco el estatus con el que Rodríguez Torres ha llegado a España. Lo más probable, apuntan fuentes diplomáticas, es que se le haya aplicado el artículo 38 de la ley de asilo, que se refiere a las solicitudes realizadas en las embajadas para aquellos que se encuentran perseguidos por motivos políticos.

La llegada a Madrid como exiliado del exjefe de la policía política venezolana se produce en medio de un acercamiento diplomático hacia el país latinoamericano. España acaba de nombrar a Ramón Santos como embajador en el país latinoamericano. Desde que Pedro Sánchez reconoció a Juan Guaidó como presidente encargado de Venezuela, el rango de representación diplomática se había rebajado a jefe de negocios. 

También se produce mientras Gobierno y oposición venezolanos dialogan en México, bajo la tutela de Dinamarca, para tratar de desatascar el proceso político que culmine en unas elecciones libres en Venezuela, eventualmente en 2024.

Agradecimiento a Zapatero

En un vídeo colgado en Twitter antes de dejar su cautiverio en Venezuela, Miguel Rodríguez Torres ha agradecido por su liberación primero “a Dios” y después “al expresidente español, José Luis Rodríguez Zapatero”: “Zapatero, durante tres años, batalló incansablemente hasta lograr este éxito, por el cual estaré eternamente agradecido, por su gesto, su solidaridad y afecto”.

La llegada de Rodríguez Torres ha enervado a parte de la disidencia venezolana en España. “No entiendo por qué traen a alguien responsable de haber asesinado a tanta gente y de haber torturado”, opina para este diario el exalcalde de Caracas, Antonio Ledezma, que protagonizó en 2017 una huida de película hasta España desde su arresto domiciliario. “Podrían haber traído al diputado preso Juan Requesens, al capitán Luis de la Sota, o al teniente coronel Marín Chaparro, que está en huelga de hambre”. 

El Gobierno no ha dado explicación alguna del movimiento. Una de las posibilidades es que forme parte de uno de los acuerdos de la mesa de negociación en México entre Gobierno y oposición venezolana. En ese sentido, el ministro de Exteriores, José Manuel Albares, ha dicho este lunes que España está dispuesta a ayudar con lo que se le pida y que este mismo domingo recibirá en Madrid al jefe negociador de la oposición venezolana, Gerardo Blyde. El propio Rodríguez Torres ha parecido apuntar a que su liberación se produce como resultado de las negociaciones porque ha mencionado en su vídeo a varios diputados de la oposición venezolana.

“Esa teoría no tiene sentido. Yo conozco perfectamente a los presos políticos militares del régimen de Maduro y, en una reunión reciente con familiares, el jefe negociador Gerardo Blyde dijo que querían dejar el tema de los presos políticos fuera de la negociación”, explica a este periódico la periodista venezolana Sebastiana Barráez. Ella opina que esto es un arreglo político entre sectores enfrentados dentro del madurismo y del chavismo, del que Rodríguez Torres habría sido un importante representante. 

Fue uno de los hombres de confianza de Hugo Chávez y participó en el intento de golpe de Estado de 1992. Él era el encargado del asalto a la Casona, la casa residencial del presidente Carlos Andrés Pérez, donde al menos cuatro personas fallecieron por disparos de los golpistas. Después comenzó su ascenso dentro del Gobierno de Chávez. Primero, como director de la agencia de inteligencia (DICIP), que bajo su mando se convirtió en el temido SEBIN actual. Cuando en 2014 se produjo la represión violenta de las protestas estudiantiles, él era ya ministro de Interior y Justicia de Nicolás Maduro. En esa época, Estados Unidos lo acusó de detenciones arbitrarias, muertes y torturas. 

Pero Maduro comenzó a ver en él a un contrincante político, según la periodista Barráez. Empezó a liderar un grupo de disidentes que criticaban el Gobierno de Maduro. Eso cavó su tumba política e inició el camino de su calvario. Fue detenido el 13 de marzo de 2018, durante una rueda de prensa donde presentaba su nuevo partido político, Movimiento Amplio de Desafío para Todos. 

Rodríguez Torres es el político de más alto rango del régimen acogido en España, donde ya se han refugiado decenas de líderes de la oposición, como Leopoldo López (que escapó de Venezuela con la ayuda de España), su padre, Leopoldo López también, ahora eurodiputado del PP o el mencionado Antonio Ledezma, entre otros muchos. Está por ver qué estatus se le reconoce y si tiene pendiente alguna orden de extradición por los crímenes que presuntamente cometió.