Bajo la gran cúpula central de barro de El Faro cuelgan cientos de bidones y garrafas como las que en buena parte del mundo se usan para acarrear y conservar agua, a veces potable, y a veces sólo un poco potable. Conforman una impactante escultura móvil como metáfora de la sutil frontera entre la subsistencia y la muerte de millones de personas en el planeta. Llenas, son una oportunidad para la vida pero vacías son la muerte.

Los responsables de El Faro afirman que son una de las mejores imágenes que puede llevarse cualquier visitante del mensaje faro: la búsqueda urgente de una actitud responsable y sostenible con el agua, los ecosistemas y las personas.

A los primeros visitantes más jóvenes les parecen inapropiadas para el agua que ellos desean beber; a los más viejos, cierta similitud con las que usaron un día cuando su juventud; a casi todos, recipientes de los que se usan para transportar gasolina. Pero son una realidad dramática en la mitad del planeta. Un aviso móvil colgado del ´botijo´.