Era el día más flojo de las vaquillas, pero hubo diversión para rato. Era lunes, y eso significaba menor afluencia de público en la plaza de toros. Aun así, los peñistas y los aficionados más acérrimos no fallaron. Tampoco fallaron los animales de la ganadería de Begoña Arnillas, que salieron bravos, inquietos y muy saltarines.

La parte negativa llegó con el primer herido grave de las fiestas a causa de las vaquillas. Las cogidas no fueron más allá de revolcones, pero la mala suerte le llegó a un joven de 21 años en los primeros minutos del espectáculo. Era la primera vaquilla, que salió de toriles con fuerza. Subió por la tarima instalada en medio de la arena y persiguió a un peñista hasta que lo derribó, sin mayores consecuencias. El infortunio llegó cuando el animal pasó por encima del joven, pisándole la cabeza y el cuello, lo que le causó un fuerte traumatismo. Inconsciente en el suelo, numerosos jóvenes se lanzaron al ruedo para llevarlo hasta el callejón de la plaza para que fuera atendido por la Cruz Roja. El peñista, finalmente, fue trasladado en UVI Móvil hasta el Hospital Clínico Universitario, según informaron los responsables de Cruz Roja. El joven permanecerá 24 horas en observación, explicaron ayer desde el centro hospitalario.

El resto de las 16 vaquillas que se vieron en la arena --entre todas sumaron siete embestidas, más bien derribos y revolcones-- no causaron daños mayores y, en el resto de la mañana, los servicios médicos sólo tuvieron que atender a cuatro personas por heridas leves. Algunos jóvenes fueron atreviéndose a recortar a las vaquillas dejando, poco a poco, bonitos giros y saltos que eran correspondidos con los aplausos del público, animado en todo momento por las charangas de las peñas Las Delicias y Los 5.000.

La emoción llegó con el quinto animal, que resultó tener genes de rana, ya que saltó hasta cinco veces las maderas para introducirse en el callejón, mientras el público gritaba, aplaudía y reía sin parar. Pasó más tiempo detrás de las tablas que en la arena. Lo mismo que la sexta vaquilla, que, aunque saltó sólo dos veces, le costó salir del callejón, en donde andaba de un lado a otro sin decidirse. Ambos astados fueron retirados demasiado pronto y, con el mítico anuncio de "cuidado con el buey", el público abucheó la decisión de su salida de la plaza, por el juego que habían dado los dos animales a una mañana de lunes que comenzaba a ser interesante.

El resto de las vaquillas fueron desfilando por una plaza llena de ´pseudotoreros´ que atraían a los animales con improvisados capotes: chaquetas de chándales. El resultado fue desigual. Estaban, por un lado, los que resolvían con gracia y éxito y, por otra parte, los que terminaban por el suelo, embestidos por el animal. También entraron en acción los que, en el último momento, huían al burladero tirando al aire el jersey que era la víctima de la vaquilla o incluso terminaba en los cuernos del animal de camino a toriles.