Sentado en sillas, encaramado a farolas, subido en bordillos, o de pie. El público no quiere perderse los conciertos que estos días se ofrecen en las plazas del Casco Histórico --las del Pilar, Santa Cruz y San Felipe son las tres principales--, y en ellas, todo vale para disfrutar de los días en los que el folclore y la música en general parece estar más viva que nunca.

La plaza del Pilar acoge todas las tardes muestras de jota, ayer en concreto, las actuaciones del grupo de jota de Épila y el de la Asociación Cultural La Fiera. Jotas del campo de Cariñena, del Bajo Aragón, de Alagón, boleros zaragozanos... hicieron las delicias de los asistentes, en su mayoría personas mayores. Aunque también los que por allí paseaban gozaban los sonidos de la jota aragonesa, que parece oírse mejor cuando resuena contra las paredes de la basílica.

No obstante, no todo fueron jotas, y las costumbres de ayer dieron paso al folclore más actual. Los sonidos mestizos de A Chaminera hicieron honor al espacio de encuentro entre culturas que fue en su día el centro antiguo de la ciudad. Sobre las tablas del escenario de la plaza San Felipe sonaron ayer los acordes de la guitarra española, de la bandurria y de otros instrumentos de cuerda con alma árabe.

Delicatesen para los no pocos aficionados a la música autóctona, de este y de otros lares, que ayer se dieron cita tanto en esta como en la plaza de Santa Cruz. Allí, la Unión Musical de Garrapinillos puso la banda sonora a las últimas horas de la tarde, cuando las terrazas y bares de las calles adyacentes se llenaban de gente. Y es que tanta tarde de acordes despierta el apetito.