Fue una mañana engañosa la de ayer en La Misericordia. Desde el tendido pareció tranquila, con los topetazos habituales y solo una cogida de aparente gravedad. Sin embargo, según los responsables de le enfermería fue "un día movido", con doce intervenciones en la plaza y seis traslados al hospital. La plaza estaba especialmente llena, y hubo alguna queja por los que se apelotonaban en las vallas y no dejaban ver a los que consiguieron asiento. El público se animaba con las guerras musicales de las charangas, en un continuo a ver quién puede más.

Entre este bullicio salió la primera vaca, con ímpetu pero con espíritu de velocista, ya que se cansó apenas a las tres carreras. Fue una característica general, con alguna excepción, de las vacas de Begoña Arnillas. A pesar de ello, el anuncio de que salía el buey para recogerla fue recibido con pitos. Se sucedieron las reses, algunas con más querencia por el callejón que por la arena. La séptima vaquilla, por ejemplo, quiso hacer honor a su número de salida y saltó siete veces la barrera, aunque en una de ellas se quedó a medias. Con más saltos que embestidas, lo raro fue que el respetable protestara tanto al retirarla.

Aparte de aprendices de torero con jersey y valientes de los que saltan la valla en cuanto les mira la vaca, hubo varios recortes dignos de mención, entre los que destacaron dos saltos con pirueta sobre el sexto animal. La peor parte se la llevó un muchacho alemán, al que la vaca levantó en el aire y dejó inconsciente, pero aunque finalmente se le trasladó al hospital solo estaba desorientado al despertar.