Ya hemos visto hoy (por ayer) más cosas que en toda la Feria", gritaron desde el tendido cuatro. Ésa fue la impresión general que se llevó el público que abarrotó La Misericordia en el día grande de las fiestas del Pilar. Un cartel que prometía, gracias a la inclusión de los dos principales protagonistas de la temporada: El Cid y El Fandi. Y del tercero en discordia, César Jiménez, había muchas ganas de verle, una vez cobijado bajo la jurisdicción de Joselito. Al final, una oreja para el primero y el tercero, y el reconocimiento unánime para El Fandi por su brillante juego con las banderillas.

A punto estuvo de abrirse la puerta grande para El Cid. La espada fue el único borrón en su segundo, al que le arañó un solo apéndice. Una lástima para el sevillano a quien el público le quiso seguir con lupa para no perder ni el más mínimo detalle de su toreo suave y templado que le ha catapultado a los templos sagrados del toreo. Pero La Misericordia se le resistía y lo seguirá haciendo. Las tandas rematadas con excelentes pases de pecho lograron arrancar los aplausos y saborear un triunfo que al final se quedó a medias. "Estoy muy contento de mi actuación en Zaragoza. Mi último toro ha sido encastado, ha transmitido, como a mí me gustan. Ha tenido emoción y, en definitiva, ha logrado ser un toro bravo. De no haber sido por el pinchazo, hubiese cortado las dos orejas. El otro ha sido más complicado, ya que se rajó, aunque tuvo buenos comienzos", manifestó.

Rozó el triunfo completo y el público se lo agradeció. "Me voy muy contento porque he visto a una afición, como a mí me gusta, disfrutando y rompiéndose". Ante el infortunio que siempre le ha acompañado en Zaragoza, El Cid hizo una lectura nueva de su actuación. "He venido cinco tardes y nunca he tenido suerte. O han sido los toros o he pinchado. Ahora, he cuajado en mi segundo".

El Fandi es uno de esos matadores que caen bien al público, por su entrega y dedicación. Levanta de los asientos al respetable en cada par al violín o corriendo marcha atrás para acabar parando las acometidas del toro. Y no es de extrañar la sonora ovación que le dispensaron. "La gente de aquí siempre me ha tratado con un cariño especial. La pena es que hay que matar los toros", dijo contrariado al quedarse en mitad del camino.

"Mi primero tenía las manos mal formadas y andaba un poco descoordinado. El último ha sido un gran toro, le ha faltado la chispa de la transmisión, ya que al tercer muletazo se venía quedando dormidito, pero ha sido bastante potable. He disfrutado mucho, pero no le he matado", añadió.

Y César Jiménez, no tuvo fortuna ni con sus enemigos ni con la suerte suprema. "El último ha sido manso. Ha tenido un pitón izquierdo, que quizá me haya faltado acoplamiento".