Una mezcla de arte, fe y luz volverá, como cada atardecer del 13 de octubre, a teñir en un silencio admirable las calles del casco antiguo de Zaragoza. Tras la celebración de la festividad de El Pilar, y su correspondiente ofrenda floral, los zaragozanos se prepararán para otro de los actos de una gran carga religiosa: El Rosario de Cristal. Éste, de tradición exclusiva de Zaragoza, salió por primera vez en 1889 y con los años se ha ido convirtiendo en una de las celebraciones con mayor expectación en las Fiestas.

Si la lluvia no lo impide, miles de ciudadanos y cofrades, con faroles y estandartes en mano, desfilaran ante la atenta mirada de un público que prefiere contemplarlo desde un punto concreto del recorrido, algunos asiduos al acto y otros atraídos por la curiosidad. Los cantos litúrgicos y las jotas dedicadas a la Virgen llenarán una a una las siguientes calles: San Jorge, San Vicente de Paúl, Coso, Plaza de España, Alfonso I, Plazas del Pilar, de la Seo, de San Bruno, Sepulcro, San Vicente de Paúl, Santo Dominguito de Val y Pedro Joaquín Soler.

La gran atracción de este acto que comienza a las 19.00 horas desde la Iglesia del Sagrado Corazón de Jesús, es la innegable belleza de las piezas iluminadas que componen la multitudinaria procesión y que desde el 2003 incorpora doce faroles de mano que acompañan al farol de los Misterios Luminosos, carroza en la que quedan representados los cinco Misterios Luminosos. Por su parte, los devotos aportan de cosecha propia una indumentaria que añade al acto una combinación de sumo rigor y elegancia creando un ambiente de gran señorío y altivez.

Durante las ya habituales tres horas de duración se exhibirán verdaderas obras de arte, construidas gracias a las aportaciones populares que al caer la noche desprenderán a través de sus vidrieras policromadas una impresionante luz que contrasta con lo oscuro de la noche y de las vestimentas de los participantes. Esta tradición de gran arraigo está compuesta por los faroles mayores que representan los misterios del Rosario, unos más pequeños que simbolizan el Padre Nuestro y las Ave Marías y, ya por último, los grandes faroles-carrozas, y que hoy volverán a brillar con luz propia.