La ofrenda de ayer volvió a ser un éxito, pero habrá que ir ahorrándose frases del tipo mejor que nunca y récord absoluto, porque aunque las cifras no dejan de asombrar, la organización señaló que "hemos llegado a un punto en que no se puede ir a más, si no hacemos dos plazas o dos Vírgenes".

Los números siguen siendo de escándalo, eso sí, con unas 350.000 personas, entre oferentes y espectadores, colapsando la plaza del Pilar y las calles aledañas. Podrían ser más, porque como reconocieron los organizadores "es imposible un control exacto". No había más que acercarse para comprobar que los ríos de gente que entraban y salían eran difíciles de contabilizar.

Y si estos ríos, nunca mejor dicho en vísperas de la Expo del agua (para la cual, por cierto, habrá "alguna sorpresa"), eran incontrolables, qué decir de los oferentes. Aparte de las ofrendas individuales, que volvieron a ser un éxito, los más de 400 grupos inscritos y los que se presentaron espontáneamente desbordaron las previsiones. Al añadir participantes que podían doblar o triplicar la cifra prevista para cada agrupación, la procesión hasta el Pilar se iba demorando, llegando algunos oferentes a tardar tres o cuatro horas en realizar el recorrido. De ahí que la organización puntualizara que "los retrasos en el horario previsto no han podido ser previstos", aunque en próximos años "habrá más control".

El acto principal de las fiestas se prolongó unas diez horas, de 7.30 a alrededor de las 17.30 horas. Diez horas en las que la Virgen vio como su manto, como una bata de cola viviente, iba creciendo y enraizándose entre el metal del soporte. Las flores de este año alcanzaron la impresionante cifra de los ocho millones. La Virgen, por cierto, estrenaba una nueva corona, fundida por José Carnicer.

La organización se mostró "razonablemente satisfecha" con las cifras, teniendo en cuenta que el año pasado fueron mermadas por el mal tiempo. En esta ocasión la Virgen convocó al cierzo para llevarse la tormenta de ayer, pero el viento se tomó la libertad de complicar la colocación de las flores a primera hora de la mañana. Finalmente, los encargados de confeccionar el manto no tuvieron muchos problemas.

Tampoco dieron tantos como se esperaba las obras de la Basílica del Pilar y Echegaray, que aunque complicaron la labor de los medios de comunicación y los servicios de urgencia, no interfirieron en el desarrollo de la ofrenda. En parte, gracias al nuevo emplazamiento del escenario, ladeado frente a la Virgen, que dejaba el paso limpio del desfile a las salidas.

Por allí salieron los miles de adoradores de la Virgen del Pilar, entre los cuales se contaban los colectivos de inmigrantes más representativos, sobre todo rumanos, pero también latinoamericanos, japoneses e indios. Junto a los grupos de toda España, los reactores y avionetas (ellos sí, puntuales) de la ofrenda aérea y los almuerzos que representaban el auténtico espíritu de las fiestas (reunirse y disfrutar), formaron una estampa que hizo ciertas las palabras de la organización, que aseguró que "no hay dos ofrendas iguales".