A lo mejor sólo hay cuatro formas de vestirse de segoviano, siendo allí la gente escueta en el avío, pero hay aquí tantas formas de vestirse de aragonés como inscritos en el padrón. Pasada la primera época del boom, en los primeros 80, de disfrazarse hombres y mujeres de camareros de mesón rústico, el tema ha cogido tal vuelo que lo mismo se aprieta uno el cachirulo como si llevara un vendaje, que se lo calza esbelto en lo alto como un chapitel. Aquí cada cual se tunea a su aire. Cada año mejor.

Hubo un momento ayer, en la bajada de la gente por el Coso hacia Alfonso, que podía imaginarse el pueblo de Zaragoza después de los Sitios, con los hombres vendados y descalabrados, pero tiesos en sus creencias. Y las mujeres lo mismo, con esos pendientes (algunos como picaportes), mantones de seda, basquiñas y faldriqueras que lo mismo caían en cortinaje pasamanero, como se ahuecaban, aerostáticas.

Había que escuchar también el habla, como un atuendo interno no de baturros, sino de aragoneses: "Ves por aquí, por la orillica", o su variante: "Tira por el bordecico, galán". (Pero también frases como "se me empavona la gafa" ¿De dónde sería?). Daba gloria el bris de la mañana para paliar un sol que era una brasa. "Me muero por una cocacola", soltó una moza.

El crío de la sillita pidió terco su gayata. Se la dieron y se puso a arrear a todo lo que andaba cerca y la abuela reía, como en el igualico que el difunto de su abuelico de los cómics. Acabaría dormido, angelico, al llegar al Pilar. Ya podía un nene ir vestido de aragonés hasta las cejas, que si pillaba un globo de esos en forma de sable que venden este año se transformaba en D´Artañán de inmediato.

En Independencia pulmoneaba un baturrón a jota suelta, en competencia con unos valencianos de falla y trinquete con su fanfarria. Sonaban dulzainas y móviles. A media mañana llegó el almuerzo a navaja. Ese plantar el pulgar y dar el giro de muñeca en seco es tan de aquí como la jota. Lo malo de las alforjas es que rompen, con su colorido charro. Parecen andinas y chirrían sobre los chalecos.

Gente de todos los sitios. Unos abuelos de Pueyo de Santa Cruz atentos al móvil porque esperaban que les naciera el nieto. La cofradía de Albendín (Córdoba) con sus tirabuzones de nazareno sobre cascos de romano... Ante las murallas, un hombre mayor repartía unos falsos billetes de dólar ensangrentados.