Joaquín Sabina demostró de nuevo anoche en Zaragoza por qué está considerado uno de los mejores artistas del país, un poeta que se disfraza de cantante. En un pabellón a rebosar, Sabina combinó sus canciones de siempre con sus éxitos más recientes de Alivio de luto --con los que comenzó el concierto-- y otros discos en un recital memorable que, como recordó, era también el último de su gira.

Un concierto que sirvió además para clausurar los conciertos del Pilar en el Príncipe Felipe, con un éxito prácticamente insuperable. Tanto Sabina como El Canto del Loco y Estopa agotaron las entradas por anticipado, e Isabel Pantoja consiguió también muy buenos registros de entrada. Con un cartel variado y de calidad, no es extraño que así haya sido, pero en cualquier caso ha sido una buena semana para la música en el pabellón.