Un total de 40 grupos, entre casas regionales, ayuntamientos y asociaciones, se convirtieron durante la mañana de ayer en los verdaderos protagonistas, que al igual que Caperucita Roja, acudieron con sus cestas repletas de ricos manjares, pero esta vez sin ningún contratiempo. Parecía realmente una mañana de cuento, en la que miles de personas contemplaron expectantes todo un desfile repleto de las más variopintas vestimentas, frutos y baile.

" Nosotros le ofrecemos a la Virgen una pequeña representación de fruta", explica Antonio Langoyo, componente de la Asociación de Detallistas del Mercado Central que a pesar del madrugón que conlleva los preparativos, explica con viveza que "este año, al ser un día festivo la asistencia de componentes ha sido mayor que el año anterior".

El buen tiempo acompañó a la comitiva durante todo el recorrido que alcanza este año a su trigésima edición, permitiendo una perfecta contemplación de los trajes, bien merecida. Marcos Juanicorena y siete navarros más, devotos de la Virgen y con un cuerno de vaca al cuello, esperaban con ganas el arranque del desfile que, vestidos con el original traje San Var Sar, les conduciría hasta los pies de la Patrona.

Desde dentro, Casas Regionales como la canaria, la de Andalucía, Casa Catalana, extremeña; ayuntamientos como el de Bujaraloz y asociaciones como la de Alimentos Artesanos de Aragón. Desde fuera, cientos de miles de espectadores volcados que en el caso de la malagueña Dolores Serra, es la primera vez que viene a ver el acto y con la cinta de la Virgen anudada en su muñeca se define impresionada por la belleza de la comitiva.

El reloj de la Seo anunciaba las 12.45 horas coincidiendo con la entrada a ritmo de jota del primer grupo a la basílica. Tras el grupo Aragonés de El Pilar, lo hicieron los andaluces con sus palmas, los asturianos y gaitas... y que una vez dentro realizaron la simbólica ofrenda, ya que no se desprenderían de los frutos hasta una de las salidas de la catedral.

UN CUENTO CON FINAL FELIZ

La ofrenda de ayer tiene un trasfondo social que la hace todavía más especial si cabe, ya que todos y cada uno de los frutos son donados a la Hermandad del Refugio, "para destinarlos principalmente a las personas sin techo", como explica Ramón López, voluntario en este acto desde hace siete años.

Melocotones de Calanda, plátanos de Canarias, longanizas, quesos de tetilla botellas de sidra, robellones, son introducidos en bolsas para el posterior traslado en un camión que los llevará a un buen destino. "La generosidad de toda España es incalculable y lo bonito de este acto es que los oferentes saben que sus frutos llegaran a manos de los más necesitados", añade Ramón mientras llega a sus manos un pulpo íntegro que por el color parecía recién traído del mar. Tras casi dos horas de duración se puso el broche final a todo un derroche de generosidad y cariño hacia la Virgen.