Y van dos tardes seguidas en las que los toros vuelven a estar por encima de sus matadores.

Sin embargo ayer fue una tarde diferente. Diferente por que el encierro de la vacada de El Pilar, que es el nombre de la ganadería cofundadora y copropietaria de los astados lidiados ayer, no tuvo una presentación muy regular. Hubo ejemplares con pocos pitones, otros muy largos y más parecidos a una sardineta que a otra cosa; otros con los pitones escobillados. Hubo también mucha mansedumbre en el caballlo, aunque luego en la muleta las cosas mejoraran (algunos llegaron a embestir con tanta furia como codicia). En definitiva, la corrida tuvo de todo para ver y aprovechar.

Morante tiene una estética diferente. Para ello lleva la chaquetilla más corta que otros toreros, luciendo la faja (la de ayer era verde). Además, también, muestra un poquito como de barriga para recordar tiempos de otros toreros y luego, cuando de verdad se entrega toreando con el capote echa el mentón abajo, pegado hacia el pecho, como para presentar una personalidad que no se sabe si es fingida o sale del corazón.

Y, para mí que es fingida porque a su primero no quiso ni verlo, a la hora de matar, tras una faena con muchas dudas y todo a favor. Y a su segundo solo lo toreo medio-bien, en algún momento por la derecha y en terrenos insólitos, junto a las tablas, en chiqueros.

Bien, pero que muy bien, Vega con su primero, al que cortó una oreja, en una faena con la muleta en la que hubo un circular que valió por dos; alguno de pecho sensacional y una serie templadísima, por la derecha de seis muletazos. Con su segundo, la labor resultó intermitente, pues el animal se fue rajando poco a poco

Talavante se mostró voluntarioso con el capote, en el tercio de quites. Con la muleta, en su primero, un animal que se comía los engaños, se mostró firme, ligando las series por su quietud y en su segundo se empeñó en sacar faena de un animal que solo quería herirlo, lo que le costó un revolcón.