El vestido de gala para ir al Rosario de Cristal es más abotonado y severo que el de la Ofrenda. Es vespertino y señor, con más complementos negros. Hombres de sombrero, capa y zapato; de mantilla y escarapela las damas. Lo decía ayer José Melero, canónigo y vicepresidente del acto: "En la Ofrenda de flores, la gente va comiendo y bebiendo; aquí se va rezando", y lo dijo con ese se que podía sonar conminatorio sin que hiciera falta, porque la riada de personas que acompañaba a los misterios era de una gran seriedad.

Ayer hacía 60 años de la salida por vez primera del Farol de la Hispanidad, la de la carabela surcando el Globo donada por el ayuntamiento en 1946 y que aún siguen llevando los guardias municipales. Forma parte del vistoso grupo de faroles que cierran la comitiva, como el de la Marina, un año más viejo, el del Alcázar de Toledo (1940) o el del templo del Pilar, de 1872.

Pero la novedad ayer estaba al principio del Rosario. Caja Inmaculada, en su centenario, ha restaurado la Gran Cruz, portada por la Legión de María, que salió reluciente y con todos los metales nuevos. Ha costado 18.000 euros. La precedía el estandarte de madera, que volvía a salir después de muchos años guardado.

Y por delante de todos, la imagen de santo Domingo de Guzmán, el fundador de los Dominicos en 1216 y que unos años más tarde ideó el Rosario, con sus cinco misterios gozosos, dolorosos y gloriosos, a los que el Papa Juan Pablo II añadiría, a finales del siglo XX, otros cinco llamados luminosos, que ya han pasado también a cristal.

"Tenemos a la Virgen del Rosario como uno de nuestros soportes. Después de las Vísperas, todos los Dominicos rezamos la Salve", explicaba ayer fray Félix, que acompañó con otras 80 personas del colegio, a la imagen del santo, al que habían colocado en la mano un rosario como los que llevaban los niños de primera comunión.

A las siete en punto de la tarde salieron. Toda la calle Verónica, en la trastera del Teatro Romano, estaba jaspeada de los estandartes venidos de los diferentes pueblos, cada cual con su Virgen, y con los curas al frente. Uno llevaba en la procesión la mochila con los colores vaticanos que daban a los que fueron a Valencia a ver al Papa.

Cabe imaginar lo que fue el Rosario de Cristal en el mes de octubre de 1890, expuestos todos los faroles en el templo del Pilar. Con todas las escenas vidriadas de los misterios en esos cubos diseñados por el arquitecto municipal Ricardo Magdalena. Se inspiró en el famoso reloj londinense del Big Ben que corona el Parlamento británico, una obra decimonónica que hizo furor en la época, al igual que la Torre Eiffel.