Parecería imposible imaginar a la troupe del circo caminando por el Paseo de la Independencia, comprando ropa y cenando un bocadillo. Uno se los imagina encerrados en sus caravanas, ensayando, sin apenas tiempo para visitar las ciudades. Pero, al menos en el Gran Circo Mundial, tras el telón se esconde gente "tan normal como cualquiera de la ciudad".

Ángel, de los Quirós Brothers, es uno de estas personas normales, que es capaz de suspenderse a doce metros de altura, subido en una bicicleta, sosteniendo en sus hombros una barra sobre la que hace equilibrios su primo. Su grupo ha estado de gira por EEUU, y se unirá en breve al Circo del Sol. Mientras, asombran con su espectáculo en el Gran Circo Mundial, pero una vez caído el telón su vida no es tan extraña.

"Vivimos en caravanas en lugar de en casas, pero por lo demás somos tan normales como cualquiera --explica Ángel-- . Nuestros hijos van a la escuela aquí, y han de terminar el graduado escolar. Luego, si quieren dedicarse a esto no pueden seguir estudiando". Porque los espectáculos requieren coger a los niños "cuando tienen los músculos y la flexibilidad necesarios".

Los artistas, lejos de encerrarse, disfrutan paseando por la ciudad. Ángel, por ejemplo, es casi un devoto de la Virgen del Pilar, la visita siempre que puede. "Trabajando a doce metros de altura y sin red --explica-- , hay que ser un poco creyente". Es una tradición, como la de trabajar en el circo, ya que "es muy raro que entre gente nueva".

Los Five Brothers, que muestran su habilidad con el break dance, son una excepción a esta regla. En su Hungría natal fueron descubiertos por un cazatalentos que en seguida les vio posibilidades en esto del circo. También ellos han descubierto Zaragoza, y les encantaron "los trajes típicos, son muy parecidos a los de nuestro país".

Son dos pinceladas de la gran torre de Babel que es este Circo Mundial, cuyos secretos pueden descubrirse en las sesiones de Escuela de Circo que ofrece la carpa. En ellas, de la mano del presentador Luis Moreno, se pueden descubrir secretos y hacer preguntas a los artistas. Porque, aunque Moreno se lamenta de que no haya escuelas de este arte en España, y "quizá yo mismo vea desaparecer el circo aquí", seguro que será eterno, como la ilusión de los niños que acuden a verlo.