Llegaron los de Cebada Gago y revolucionaron la Feria. La entrada en acción de esta ganadería calificada como torista dejó una tarde más sombría que de luces para los toreros, pero no así para el aficionado. La sensación con la que salió la terna de la plaza fue desigual, aunque hay que tener en cuenta lo que pudieron dar de sí ante el juego de los toros. López Chaves ofreció una espléndida serie de muletazos en su duelo con el primero hasta que le empitonó en su muslo y tuvo que matar cojeando, antes de enfilar el camino a la enfermería. Fernando Cruz se fue satisfecho pero desilusionado con el acero, lo que le privó de cortar pelo. Y Luis Miguel Encabo encaró el callejón malhumorado debido al comportamiento tan adverso que tuvo el público con su actuación.

Por eso mismo, el protagonismo se lo llevaron los astados. Está por ver si uno de los lidiados se llevará el trofeo al mejor toro y acompañará a Juncal, Escandaloso y Aseadillo en los azulejos del patio de cuadrillas, pero qué duda cabe que su bravura enamoró a todos. No fue de la misma opinión el triunfador de la pasada edición, Luis Miguel Encabo, quien se quejó de su lote: dos toros, más el segundo correspondiente a López Chaves. "Dos no se pelean si uno no quiere. Ha sido una mierda de corrida de toros. No he podido hacer nada. Esta temporada he matado cinco toros en Zaragoza y a cada cual peor. No me ha embestido ninguno", expresó malhumorado.

Sin embargo, Encabo abandonó la plaza molesto y vertió críticas al tendido. "Lo que más me fastidia es la falta de respecto de la gente. Ha querido ver el espectáculo del año pasado, he intentado hacer un esfuerzo, pero no siempre se puede torear así y triunfar. La temporada ha sido extraordinaria, pero me voy con mal sabor".

Fernando Cruz supo ver la grandeza de sus enemigos pero lamentó la falta de atino con la espada. "A mi primero le he pegado muletazos buenos. Ha habido momentos que he estado muy a gusto con él, la pena es que se ha venido abajo".

El que le dio más de un susto fue el quinto de la tarde, al que la gente le pedía que lo matase sin más demora, ante tantos avisos malintencionados. "Llevaba mucho peligro. Por delante no quería nada, pero lo tenía que sacarlo de alguna manera, ya que cada vez se cerraba más a las tablas. Cuando el toro veía lo de dentro, siempre reponía y pegaba el arreón, y a veces me ha desbordado. Ha sido una pena porque he hecho una faena importante y me he jugado la vida. Si hubiera matado al último, le hubiera cortado una oreja, que me hace mucha falta. La espada me la ha robado", manifestó Cruz.

El madrileño de Chamberí se subió a la furgoneta descontento pero agradecido al público de Zaragoza, y esperando una nueva oportunidad. "Ésta es una profesión muy larga. Espero que la recompensa llegue, tarde o temprano".

Si ayer hubo expectación por comprobar el comportamiento de los Cebada Gago, hoy visitan La Misericordia los victorinos, otro hierro que por sí solo llena una plaza. Enfrente, Esplá, Barrera y Cortés pondrán fin a diez jornadas de Feria.