Todas las edades tienen algún sitio especial al que acudir en estas fiestas. Los pequeños Torreramona, los jóvenes Interpeñas y los más veteranos, la carpa de la calle Moret. Cada tarde, un espectáculo de la serie El Pilar con nuestros mayores llena el aforo del recinto. La sesión de ayer, Música y estrellas, trajo a Zaragoza dos actuaciones. Blanca Villa y Olga María Ramos compartieron el escenario ante un público muy entregado y participativo desde el comienzo de la tarde.

Blanca Villa abrió la tarde con su poderío, su arte y su voz. Vestida de blanco y con un abanico verde empezó con unos boleros, que arrancaron los primeros aplausos, y continuó con un popurrí de rancheras que acabaron con la participación de todos los presentes y con la misma cantante bailando por el pasillo entre el público. Blanca Villa aseguró sentirse encantada de estar en las fiestas de Zaragoza y prometió que, tras la gala, se acercaría a visitar la basílica de la Virgen del Pilar. La primera artista de la tarde finalizó con un par de jotas que Blanca Villa interpretó entre los aplausos del público.

La segunda actuación llegó de la mano de Olga María Ramos. Con un elegante vestido de negro de brillantes y una bufanda de plumas rojas, la cupletista comenzó su concierto rodeada de cuatro sillas cubiertas por mantones de diferentes colores y abanicos. La cantante demostró en el escenario el talento heredado de su madre, la también cupletista, Olga Ramos. Comentó que sus visitas a Zaragoza siempre son muy especiales ya que desde muy pequeña su madre le contaba que en esta ciudad actuaba en un café llamado Ambos Mundos, donde siempre era muy bien recibida. Además, confesó que actuar por motivo de las fiestas del Pilar era motivo de satisfacción porque, con menos de dos años, su madre la trajo a Zaragoza para que pasara por el manto de la Virgen. Con su repertorio enseguida logró arrancar los aplausos y la participación del público que se arrancaron a corear sus canciones.

Un público formado por personas mayores no significa que el espectáculo vaya a estar poco animado. Las artistas que actuaron ante el aforo de la carpa, compuesto por más de quinientas personas algo entradas en años, no tuvieron nada que envidiar a la vitalidad de los públicos jóvenes. Desde la primera canción hasta la última, todos los presentes se metieron en el papel de espectador y animaron la tarde. Cantaron, rieron, aplaudieron y acompañaron con palmas los variados ritmos de las rancheras, boleros y cuplés que, ayer por la tarde se escucharon en la calle Moret.