La plaza del Pilar se despide de estas, sus fiestas, con rock español del bueno. Loquillo y Gabriel Sopeña serán los protagonistas del último concierto multitudinario del 2006, una actuación que tan solo por la química existente entre los dos músicos promete ser memorable.

Una química fruto de la intensa colaboración que ambos mantienen desde 1991, cuando Sopeña intervino en la creación de Hombres, el primer disco en el que Los Trogloditas no contaron con Sabino Méndez. La colaboración de Sopeña y El loco se ha prolongado en los discos Mientras respiremos, de 1993, La vida por delante en 1994 y Con elegancia, en 1998.

Del líder de Los Trogloditas no queda mucho por decir, si acaso que se hubiera perdido mucho si hubiera terminado optando por el baloncesto. Su contribución a la música española ha sabido sobreponerse a la nostalgia de La Movida, donde muchos de su generación se quedaron anclados, y en la que él siempre ha reivindicado el papel del rock frente a otros estilos. Los temas de Feo, fuerte y formal, y sobre todo de Hermanos de Sangre, volverán a sonar, al menos por capacidad de público, como en el concierto de Barakaldo que recoge el disco. Seguro que Cadillac Solitario, Rock and roll star o Yo para ser feliz quiero un camión, junto a Cuando fuimos los mejores o Feo, fuerte y formal o Hermanos de sangre, suenan con energía en las gargantas zaragozanas para la doble celebración del fin de las fiestas y el 25 aniversario de El loco en los escenarios.

En cuanto a Gabriel Sopeña, nacido en Zaragoza hace 44 años, la lástima es tener que hablar de él por referencias. Como en el tópico televisivo, los importantes están detrás de las cámaras, pero no se dan a conocer. Sopeña ha estado cara al público, es verdad, pero probablemente se le hará más justicia hablando de sus composiciones para Más Birras, Héroes del Silencio, Amistades Peligrosas o el propio Loquillo. Un poeta en el escenario.