Un chico guapo, moreno y bien plantado, marcado con el 2 en la espalda, plantó cara a cada una de las catorce reses, con la misma valentía con la que San Jorge se enfrentó al dragón. Con una sudadera a modo de capote, el nuevo héroe del día, con dos requiebros de cadera, dejó a una de las vacas fuera de juego. El público medio adormilado en los primeros minutos del festejo, no perdió el ojo a este mozuelo al que no dudaron en vitorearle en la última res. Más vale tarde que nunca.

El número 2 no fue el único, sino que otro joven vestido de rojo también tuvo sus minutos de gloria al saltar por encima de las vaquillas ayudado por un palo. Los demás, repartidos entre el callejón y el cajón central, donde los menos valientes trepaban por la estructura metálica y no la abandonaban ni para ir a beber.

Las vacas de Tauste resultaron más tranquilas que las del Valle del Pas: no espantaban ni las moscas con el rabo. Tras la primera vuelta rápida rebañando a mozos por el redondel, las vaquillas arguelladas quedaban sumidas en un estado de shock. Un forastero pagó bien cara una de estas salidas engañosas al estamparse un colodrón que casise queda tieso.

Bajo el toldo que cubre la Misericordia, a media garra como un pantalón pirata, que dejaba entrever el color tristón del amanecer, llegó el primer susto que le robó un ¡Ay! a más de una. La cuarta vaquilla propinó a un joven una paliza contra la barrera que le dejo blanco. Menudo rapapolvo femenino (debería de ser su novia) recibió el pobre chaval que todavía no se había recuperado de la cogida.

Una voz ronca procedente de megafonía alertaba con un "tengan cuidado con el buey", y esta vez tenía razón. El manso del cual colgaba una campana grande como la de El Pilar, sorprendió a todos los presentes con su carácter furo nada típico en él y engalló a un mozo despistado provocando un momento de tensión general. El chico tuvo que ser trasladado al Hospital.

Los espectadores del penúltimo día de vaquillas, al igual que los antiguos romanos con su Pan y Circo, sacaban de no se sabe dónde comida para parar un tren. Mientras tanto los de las charangas parecían muñecos a los que les habían dado cuerda para rato. Cantaron a platillazo suelto desde el A toda mecha, pasando por el famoso himno futbolero de A por ellos hasta el Tirate de la moto.

A pesar del talante taurino tranquilo, la mañana se saldó con tres atenciones y tres traslados: uno por fractura de tobillo y dos por contusiones. Una jornada de vaquillas poco espectacular en la que sino llega a ser por el manso que resultó furo, la Misericordia se duerme.

La última vaquilla de la mañana y la única roya, por cierto, consiguió subirse al cajón central creando expectación de nuevo pero ya eran las 10. ¡Qué pena!