Mecano resucitó en la noche de ayer en el Paseo Independencia, tanto sobre el escenario como en la respuesta del público, de la mano del concierto de Ana Torroja. Con ganas de asegurar el triunfo, Torroja se arrancó ya en el segundo tema con Cruz de navajas, siguiendo con Aire, Dalai Lama, ¡Ay, qué pesado! ... éxitos sin pausa, como en la radio. Éxitos que no dejaron indiferente al público del Paseo de la Independencia.

La verdad es que, por mucho que la esencia del grupo, el alma creadora de todos esos temas, fueran los hermanos Cano, nadie ayer les echó de menos ayer por la noche. Ana Torroja, sea por sus propios genes o por adecuadas inversiones en cirugía estética, parecía haber hecho un viaje en el tiempo al menos diez años atrás, y las coreografías no parecieron resentirse por el paso de los años.

Las que sí notaron el paso del tiempo fueron las canciones, que por las cosas del directo adquirían matices cambiantes tirando al rock duro o a la música electrónica cada pocos minutos. A los músicos, desde luego, se les intuía algún pasado heavy en los ademanes.

El público entró al trapo en seguida, y eso que a algunos les pilló el éxito de Mecano demasiado mayores para estar de discotecas, y a otros no les pillaron ni los últimos coletazos en las radios. Pero parece ser que las canciones de los Cano, puestas en pie ayer muy dignamente por Ana Torroja, no entienden de edades.