VICTORINO MARTÍN GARCÍA ESTÁ, JUNTO A SU PADRE, AL FRENTE DE LA GANADERÍA.

Cómo viene la corrida de toros de esta tarde?

--Es una gran corrida para Zaragoza, digna para la Feria del Pilar, no puedo decir más. Estoy seguro que algún toro romperá.

--¿Cómo ha ido la temporada?

--Estamos contentos. A pesar de que a todos los niveles se exige mucho a Victorino Martín, pero este año hemos sabido responder a las exigencias. Recuerdo ahora las corridas de Santander, Moralzarzal, Gijón y Pontevedra, entre otras.

--¿Cómo se siente al ser uno de los ganaderos mejor valorados por los aficionados?

--La gente no es tonta, sabe lo que quiere y nosotros servimos al aficionado, que sabe valorar los años de constancia, afición y servicio al toro, que llevamos.

--¿Le gustaría que los toros pudieran elegir a los matadores?

--La verdad es que nosotros podríamos hacer eso. Pero para hacerlo están las empresas y el público, los aficionados, que son los que mandan. Hay veces que piensas y te planteas cómo hubiera sido el toro en otras manos, pero la realidad es que bastante tiene un torero con enfrentarse a un toro de casa. Siempre pienso que el torero intenta hacerlo lo mejor posible.

--¿Quienes están ahora al mando de la ganadería?

--Mi padre y yo. Luego hay una tercera generación, que son mis hijas y mi sobrino. Los responsable somos mi padre y yo por capacidad de trabajo y edad, pero el peso es grande.

--¿Cuántos hierros tienen?

--Seguimos con tres, Albaserrada, Monteviejo y Urcola.

--¿Y cómo llevan su trabajo de recuperación?

--La realidad es que el de Albaserrada está prácticamente recuperado, y con Monteviejo y Urcola estamos en ello. Hay que tener en cuenta que son dos hierros, el de Monteviejo y el de Urcola, cuyos animales están en vías de extinción porque hay menos de dos mil ejemplares con capacidad de reproducción.

--¿Sin ayuda es un trabajo difícil?

--La verdad es que solo hay ayuda para la casta Navarra, pero ahora que ya está hecho el trabajo y que se ha acreditado la realidad de estos encastes que están en peligro de extinción como otros, Pablo Romero, Miura o Concha y Sierra, el trabajo no lo podemos hacer solos y tiene que haber ayudas europeas o incluso de la FAO. Nos tenemos que mover. Esta responsabilidad no puede caer en una persona sola.

--¿Qué le parece la ola de indultos que ha llegado al final de esta temporada?

--No he visto a ninguno de los toros indultados, por lo que no puedo juzgar. De todas formas, siempre que se indulta un toro, hay voces a favor y en contra. En todo caso, es un triunfo de la fiesta porque el toro se gana la vida, por su bravura, en la plaza. Luego el ganadero es el que tiene que decidir, si lo echa a las vacas como semental o no.

--¿Cómo tiene que ser el toro para ser indultado?

--Bravo hasta el final, que se luzca, y que lo pidan tanto el público como el ganadero.

--¿Defina el toro bravo?

--Lo tiene que ser en el total de la lidia, respondiendo a una serie de estímulos. Ni más en el caballo que en la muleta, ni al revés. Tiene que tener capacidad de luchar hasta el final y ser todo un conjunto, como la vida misma. ¿Qué ocurre con el que en el último momento de la vida hace una tropelía? ¿O quien ha cometido algún delito durante su vida y luego se arrepiente? Allí queda el fallo, ¿verdad? Por eso el toro ha de ser total, a lo largo de toda la lidia. No caben errores o fallos.

--¿Algún aspecto más?

--Para mí que vaya siempre a más, que en toda la lidia su desarrollo sea de menos a más.