He aquí algunos consejos a tener en cuenta si se quiere 'bien vestir' una aragonesa:

  • Norma imprescindible: discreción y sobria elegancia. que predomine el sentido común.
  • Hay que prestar atención a cómo se luce el pelo. Aunque hay diversas posibilidades, la opción más generalizada es hacerse un moño de rosca o forma circular. Tras estirar bien el pelo, se recoge en una coleta trasera con la que se pueden hacer dos o cuatro trenzas que luego rodearán, en direcciones contrarias, el nacimiento de dicha coleta y así formar la rosca. Otra modalidad, más sencilla, era hacer una simple castañeta, con el pelo sin trenzare y que rodee ese inicio de la coleta. O bien cabe optar por hacer un moño de picaporte con una o varias trenzas. No deben usarse redecillas de ganchillo ni lazos añadidos.

La saya exterior hay que levantarla haciendo dos dobleces sobre la cintura y se sujeta en el centro de la espalda. SERVICIO ESPECIAL

  • Cuando se viste un traje de diario o trabajo (que suele ser llamado de campesina) y se lleva un refajo o saya bajera que se quiera enseñar, hay que considerar cómo debe ser levantada la saya exterior. No vale cualquier recogido. La falda se levantaba no para enseñar las prendas de debajo sino para que no se ensuciara al hacer las tareas cotidianas. Por ello hay que levantarla haciendo dos dobleces sobre la cintura y se sujeta en el centro de la espalda. Otra forma, habitual cuando hacía frío, viento o lluvia, o en los momentos en que la mujer entraba en un templo era subir la saya por la espalda hasta cubrir la cabeza.
  •  A cualquier acto religioso la mujer debería asistir con la cabeza cubierta. La ofrenda de flores a la virgen del Pilar, la de frutos o el rosario de Cristal son actos religiosos. Si somos muy puristas, en esas ocasiones todas las mujeres participantes deberían ir con la cabeza cubierta. Hoy en día no es preciso ser tan riguroso, si bien no está de más conocer esa información.
  • La mujer que lleva fuera las almenas del jubón, no es que no sea decente, pero las trazas, no son. Esta frase, que aún se recuerda en diversos lugares de nuestra tierra, explica con claridad que las aletas o almenas de jubones y justillos no deben dejarse a la vista sino que la falda se dispone por encima de ellas. Aletas o almenas no son un adorno; se realizan para que la prenda siente adecuadamente ya que la cadera tiene mayor tamaño que l cintura. Quien quiera vestir con corrección, que tome nota.
  • Una pieza imprescindible y muy poco conocida del ajuar femenino es el rolo ( o churro o butifarra), que relleno de tela se coloca alrededor de la cintura y encima de la enagua, disponiendo su zona central, más ancha, en el centro de la espalda. En él se apoya el refajo, la sobre enagua y la saya exterior. Reparte el peso de esas prendas por toda la cintura, evita que pinguen por atrás y contribuye a obtener el volumen adecuado.
  • No es válido, en la indumentaria tradicional, el uso de un ahuecador o un can-can. El volumen que crean es bastante falso y artificial. Hay que llevar las prendas adecuadas, y como ayuda, el rulo.
  • Las camisas femeninas eran muy sencillas. No son apropiadas las que acumulan adornos en la pechera y mucho menos en las mangas (vainicas, lorzas, bordados … ).

En el caso que las puntas delanteras del mantón sobrepasen la cintura, quedará siempre por encima el delantal. SERVICIO ESPECIAL

  • Las modalidades de lucir un mantón son muchas; depende en esencia de su tamaño. Los escotes deben ser discretos y hay que evitar la profusión de agujas para su sujeción. Para diario, mantones cortos y sin fleco, que dejen el codo al aire y no supongan un estorbo a la hora de trabajar. Para más vestir, pueden contar con flecos y ser de mayor tamaño. En el caso que las puntas delanteras sobrepasen la cintura, no debe llevarse delantal y si se lleva quedará siempre por encima.
  • Las toquillas, que desde unos años atrás se llevan con los trajes de diario y confeccionadas en lana, en realidad antes solamente se vestían en el interior de las casas, no al salir a la calle. Si que se lucían toquillas o pelerinas, pero eran de pelo de cabra.