El cachirulo es, sin lugar a dudas, una de las prendas más destacadas del folclore aragonés. Bien sea como pieza clave del traje regional, bien como adorno durante las Fiestas del Pilar, este pañuelo es conocido por todos los aragoneses y también por quienes visitan nuestra tierra en época de celebración.

Pero, ¿sabemos de dónde viene este símbolo indiscutible de estas fechas?

Orígenes y usos de la prenda

El primer rastro del cachirulo que ha llegado hasta nuestros días se remonta a la época musulmana en la península Ibérica. Los moriscos, musulmanes que habitaban Al-Andalus, tenían la costumbre de cubrirse la cabeza con piezas de lino de forma cuadrada que se anudaban a la cabeza. En su caso tenía una utilidad práctica, ya que lo empleaban para recoger el sudor de su rostro y el polvo durante las largas jornadas en el campo. 

Ese uso primigenio del cachirulo como pañuelo de labranza se mantuvo hasta los siglos XVII y XVIII. Fue en ese momento cuando empezó a caer en desuso poco a poco hasta desaparecer por completo a inicios del siglo pasado.

El pañuelo, tal y como lo conocemos hoy en día, es un invento relativamente reciente. En 1953, Demetrio Galán Bergua —uno de los grandes estudiosos del folclore aragonés— y Pascual Yrache. fundaron la Asociación Amigos de la Jota, cuyo objetivo era salvaguardar la tradición jotera en todas sus manifestaciones artísticas. Demetrio Galán Bergua dio una conferencia sobre jota en el Casino Mercantil, en la que nació la ocurrencia de buscar un símbolo, de igual manera que por ejemplo los vascos tenían boina, y se decidió que fuera el pañuelo de cabeza de hombre.

Sus deseos y esfuerzos por valorizar la cultura aragonesa, incluso en lo gastronómico, llevó a esa agrupación a crear una sección conocida como la Peña El Cachirulo, que fue cobrando cada vez más fuerza hasta convertirse en el eje principal del colectivo; este hecho motivó la redacción de unos nuevos estatutos que terminaron por constituir la Asociación Regional Aragonesa El Cachirulo. El pañuelo original de la Peña era de color rojo y negro, la combinación que hoy domina en las calles de la capital aragonesa durante estos días. No obstante, también podemos encontrar cachirulos de otros colores como el morado y negro de Teruel.

Para asistir a los encuentros, en los que se organizaban grandes comidas, los varones debían portar el pañuelo bien atado en la cabeza. Según recoge la Gran Enciclopedia Aragonesa, al inicio de estas comidas, el mayoral-presidente daba "tres golpes de vara sobre la mesa" y todos cantaban la jota: "Qué sería un baturrico / sin la cabecica atada / si aun llevándola atadica / dice las cosas tan claras".

El nombre de cachirulo viene del termino 'cacherulo', que era como se conocía el pañuelo masculino por la zona de Gistaín. Y la idea de que fuera de cuadros vino de algunos diseños más antiguos, pero que tenían los cuadros mucho más grandes.

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