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Las calles de Zaragoza rugen en el inicio de las Fiestas del Pilar

La ciudad se pone el cachirulo al cuello en el tradicional desfile del pregón, que una vez más hizo bailar y vibrar a su gente por las calles más céntricas

Las calles de Zaragoza rugen en el inicio de las Fiestas del Pilar

Pablo Ibáñez

Zaragoza se puso el cachirulo al cuello para dar la bienvenida a las Fiestas del Pilar en el tradicional desfile del pregón, que una vez más vistió de gala las calles más céntricas de la capital. Con unos minutos de cortesía, la comitiva echó a andar y tiñó de rojo y negro los corazones de los miles de zaragozanos presentes. Bajo el lema 'Zaragoza es el León', el desfile tuvo como gran novedad la presentación en sociedad de Garganchón, el tobogán infantil inspirado en el símbolo heráldico de la capital aragonesa, y nuevo icono para los más pequeños.

El estreno del León Garganchón fue uno de los momentos más especiales. Su rugido marcó el inicio de unas fiestas que, un año más, convierten a la capital aragonesa en escenario de tradición, convivencia y cultura compartida.

Entre la multitud, los rostros de los más pequeños brillaron con ilusión ante cada carroza y espectáculo. Sus risas, saltos y aplausos contagiaron la energía del desfile, mientras el asfalto se llenó de color, música y movimiento. Familias, amigos y visitantes compartieron la emoción del inicio de las fiestas, contagiados por el calor humano y las ganas de celebrar que flotaban en el aire, transformando el centro de Zaragoza en un hervidero de alegría y entusiasmo.

Los niños, grandes protagonistas

Una vez más, los niños fueron los grandes protagonistas, viendo con ilusión los personajes elegidos para la ocasión. Antes de ver en acción al León Garganchón, el pasacalle, que salió del colegio Joaquín Costa y desfiló por Paseo María Agustín, Puerta del Carmen, Avenida Cesar Augusto, Coso y Alfonso I y Plaza del Pilar, vibró y bailó con 16 compañías y asociaciones artísticas (13 aragonesas y 3 nacionales) y más de 250 actores y músicos.

La solemnidad institucional del primer bloque del desfile quedó aparcada con el constante ruido de las carraclas de los pregoneros, que retumbaron con fuerza durante toda la comitiva. El pregonero mayor, entrañable y cómico, anunció entre bromas y torpezas el inicio extraoficial de las fiestas. La escena se completó con el paje que portó la enseña de la ciudad, en una mezcla de tradición y humor pensada para todos los públicos.

Levantando las manos

El río Ebro cobró protagonismo en el segundo bloque gracias a Arpispas Teatre y su montaje con peces gigantes. La Ofrenda de Flores, los adoquines y la jota, de la mano del grupo Raíces de Aragón, también estuvieron presentes. Precisamente estos dulces típicos hicieron las delicias de los niños animando constantemente a chocar y levantar las manos y elevar los decibelios.

Los asistentes disfrutaron y se emocionaron con la carroza de la Basílica del Pilar y el Real Zaragoza tuvo también su espacio. Al grito de “Moverse maños, moverse”, grandes y pequeños celebraron cada uno de los goles que los improvisados futbolistas fueron marcando: “A ver si se dejan alguno para el partido”, se escuchó entre risas. En este bloque, el turismo fue un gran invento, con un guiño a quienes vienen de fuera para celebrar las fiestas.

La esencia de la celebración callejera, con vaquillas, peñistas animados por la charanga Las Cinco Birras y agrupaciones como Mar de Nubes y la Asociación de Parkour Zaragoza dieron la nota positiva. La escenografía se completó con referencias a las ferias de Valdespartera, con autos de choque coreografiados, un tiovivo humano y una versión teatralizada de la tómbola Antojitos. El bloque culminó con un homenaje a los conciertos del Espacio Música.

Presentación del León Garganchón

El desfile se fue cerrando con el tributo a la herencia popular. Las comparsas de gigantes y cabezudos de Tafalla y Alcalá de Henares precedieron al Tragachicos y dieron paso al gran estreno del desfile: el León Garganchón, un majestuoso tobogán infantil de gesto bonachón que se presentó como nuevo icono festivo.

Escoltado por la Comparsa Municipal de Gigantes, Cabezudos y Caballitos, recientemente declarada Bien de Interés Cultural, puso el punto final al desfile junto a la Colla de Bomberos de Zaragoza, un reconocimiento a quienes garantizan la seguridad de las fiestas. “Y ahora, al pregón en el Ayuntamiento”. Así acabó el desfile en lo que solo fue el inicio de las fiestas.

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