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El Periódico de Aragón

La opinión de Sergio Pérez

El legado de JIM y el motor de propulsión de Carcedo

Juan Carlos Carcedo, con una bufanda del Real Zaragoza, el día de su presentación. JAIME GALINDO

Juan Carlos Carcedo es todavía un entrenador joven, 48 años camino de los 49 en agosto, pero con una larga mili hecha en su carrera, especialmente como suboficial de confianza de uno de los capitanes generales de los banquillos de las dos últimas décadas, Unai Emery. Como ayudante del vasco, el nuevo entrenador del Real Zaragoza trabajó en vestuarios de la máxima complejidad y diversidad, con figuras de talla mundial, con los que tocó la gloria en el fútbol con títulos continentales, entre ellos tres Ligas Europa con el Sevilla o una Liga y dos Copas de Francia en el PSG.

Fue, sin duda, un periodo prolífico en conquistas y un extraordinario máster de aprendizaje. Después de 14 años como confidente de Emery, Carcedo saltó del nido, decidió volar en solitario y firmó por el Ibiza en Segunda B, al que ascendió a Segunda. La temporada pasada fue destituido de una manera extraña. Su reputación es buena en el mundo del fútbol a pesar de que su experiencia como entrenador principal es realmente corta. Se le considera un técnico formado, metódico, con bagaje táctico, moderno, detallista, responsable y capaz de armar buenos bloques futbolísticos, un miembro más de esta nueva escuela de preparadores tan preparados. Facetas todas ellas que deberá seguir confrontando con la realidad, cada vez en niveles más duros, lejos de la teoría y utilizando sus conocimientos para sortear las adversidades diarias.

Carcedo llega al Real Zaragoza con un solo objetivo: el ascenso a Primera. En la plaza no se encontrará kilómetros cuadrados de tierra quemada ni cenizas sobre las que es imposible sembrar nada. Si quiere podrá aprovecharse del buen trabajo que realizó Juan Ignacio Martínez en varios campos, especialmente el defensivo: hacia atrás JIM fue capaz de construir un equipo muy sólido durante temporada y media, bien trabajado para recibir pocos goles, con una retaguardia de notable valor junto a un buen portero. Esa fue una de las claves de la salvación milagrosa de la campaña 20-21 y ha sido una constante de la última temporada: 46 goles recibidos, una cifra compatible con ser un equipo de playoff. El sello de Juan Ignacio Martínez.

La tarea de Carcedo será no perder esa virtud, acaso potenciarla, e implementar nuevas vías imaginativas especialmente en la faceta ofensiva, donde el Real Zaragoza ha sido demasiado rígido y con pocas variantes. Al equipo le ha faltado también mucho gol y eso ha tenido dos causas principales: la mala elección de los delanteros por parte de la dirección deportiva y un plan de juego excesivamente inflexible y cauteloso, que convertía al delantero en un cazador de infortunios en solitario. El motor de propulsión de Carcedo deberá poner en marcha nuevas soluciones en ataque, el terreno en el que las posibilidades de crecimiento del Real Zaragoza son mayores.

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