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La opinión de Sergio Pérez

El mercado de locura del Real Zaragoza, las purgas en el club y la causa común de la salvación

La responsabilidad de la pésima temporada está donde está: en el club, en el banquillo y en el césped. En ningún sitio más. Pero esto es una causa común

Larios realiza carrera continua en su primer entrenamiento con el Real Zaragoza.

Larios realiza carrera continua en su primer entrenamiento con el Real Zaragoza. / MIGUEL ÁNGEL GRACIA

Sergio Pérez

Sergio Pérez

Zaragoza

Quedan 18 jornadas de Liga, 54 puntos en juego. La plantilla del Real Zaragoza está dirigida ahora mismo por Rubén Sellés, el tercer entrenador que se ha sentado en el banquillo este curso después de Gabi Fernández, el gran error de la planificación de esta campaña, además de la sucesión de tiros mal tirados por Txema Indias en su debut en la dirección deportiva, y de Emilio Larraz, que nunca olvidará su estreno en el primer equipo. Lo que pudo ser el inicio de una gran aventura terminó convertido en una pesadilla terrorífica.

Cuando fue contratado, Sellés heredó un equipo cadavérico. A base de trabajo táctico, de intervencionismo, de una evidente mejoría física y de una relación con el gol mucho más fluida, el entrenador valenciano consiguió un efecto rebote en el rendimiento y en los resultados después de tocar suelo cuando vio cómo su equipo se quedaba a nueve puntos de la zona de la permanencia.

Tras un buen mes de noviembre, que fue cuando la desesperanza volvió a convertirse en esperanzas fundadas de salvación por el crecimiento futbolístico y la resurrección individual de muchos jugadores, el Zaragoza de Sellés ha sufrido numerosos altibajos y no ha completado la remontada. Tras el cierre de la 24ª jornada continúa en zona de descenso, con las hojas del calendario cayendo una tras otra y sin dar el salto hacia arriba.

Como consecuencia de la concatenación de errores en la planificación del verano, el Real Zaragoza se ha visto obligado a usar el mercado de invierno como medio de gran alcance para tratar de enmendar errores y añadir valor y nivel a la plantilla, todavía más con la concentración de lesiones en el medio y la delantera. Han caído de golpe Guti, Keidi, Moya y Kodro.

Para paliar los contratiempos y reforzar una plantilla débil han llegado seis futbolistas: Willy Agada, un delantero de cifras goleadoras no muy elevadas en su carrera pero potente y capaz de correr a los espacios; Rober González, un centrocampista fino, con una zurda de clase, capaz de crear con su visión panorámica, de futuro prometedor hace solo cinco años y ahora en un momento bajo en su carrera; Nikola Cumic, un extremo serbio con velocidad y regate pero de números muy discretos recientemente; Mawuli Mensah, un centrocampista físico para ir y venir y llenar con una pieza más tantas bajas en esa zona; Juan Larios, lateral izquierdo fichado por los problemas de Pomares y la apuesta estrella: El Yamiq, de todos conocido. Un central de verdadera categoría, desde luego superior a la de sus compañeros. Una gran adquisición para Rubén Sellés.

Han sido muchos. Ya no habrá nada ni nadie más. Serán este entrenador y estos futbolistas los que tienen que cumplir la misión más importante de la historia contemporánea de la SAD. La dirección deportiva y toda la entidad han cometido numerosos errores para llegar a este punto tan crítico, que lógicamente desembocarán en los consiguientes juicios y en las purgas que siempe hace el fútbol en este tipo de casos al final de la temporada. Sin lugar a dudas, la responsabilidad está donde está: en el club, en el banquillo y en el césped. En ningún sitio más. Pero esto es una causa común. Es el momento de ir todos a una para intentar salvar al Real Zaragoza de un descenso que sería catastrófico desde todos los prismas: deportivo, histórico, económico y social.

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