Consecuencias de la emergencia
El turismo rural reclama un plan de choque para paliar las pérdidas que deja el incendio de Las Peñas de Riglos: "La gente veía que se quemaba el monte y cancelaba"
El fuego lastra el mes más fuerte para la hostelería, las actividades de aventura y otros establecimientos, que sufren cancelaciones también para las próximas semanas

Kayaks bajando por el río Gállego este jueves. / Pablo Ibáñez
El incendio de Las Peñas de Riglos también ha perjudicado al turismo. Además de calcinar miles de hectáreas, obligar a desalojar 19 pueblos y amenazar el patrimonio de Aragón, el fuego ha provocado cientos de cancelaciones de reservas en alojamientos, restaurantes o empresas de actividades de aventuras en la Hoya de Huesca y la Jacetania, donde han cambiado el habitual “pico” de mediados de agosto por las pérdidas económicas. Así lo exponen distintos establecimientos y lo confirman desde la Asociación Aragonesa de Turismo Rural (Faratur), desde la que confían en que, una vez la campaña de verano llegue a su fin, se plantee un plan de choque para los afectados, que van desde las localidades desalojadas, que son las más golpeadas, hasta otras más alejadas que también han sufrido las consecuencias del fuego.
“Se tiene que hacer un plan de choque muy fuerte que ponga en valor el territorio y permita la recuperación de los alojamientos, de los bares, etc.”, defiende Sara Ros, presidenta de Faratur. Recuerda que el turismo rural vive de “paisaje, entorno y pueblos, que son el patrimonio” y que “los alojamientos están en los territorios porque hay vida en ellos”.
Esta férrea apuesta por la puesta en marcha de medidas urgentes y extraordinarias que ayuden a los establecimientos de las zonas afectadas por el incendio llega a raíz de que los alojamientos, restaurantes y locales de ambas comarcas, Hoya de Huesca y La Jacetania, hayan recibido “muchas cancelaciones” no solo para el tiempo en el que estuvo fuera de control (desde este jueves está estabilizado), sino también para las próximas semanas.
Ros explica que este verano en llamas han sido frecuentes las llamadas de clientes para preguntar si había algún incendio cerca, y sostiene que julio ha sido un mes “horrible en Zaragoza porque la gente tenía la idea de que había habido un incendio”. Se refiere al de las Cinco Villas, que preocupó a los viajeros que tenían como destino algún punto de la provincia aunque este estuviera alejado de la comarca afectada por el fuego.
Turismo de aventura
Esto mismo ha sucedido ahora con el iniciado en Las Peñas de Riglos, del que por suerte se libró el entorno más inmediato de Murillo de Gállego pero no sus establecimientos. En Rioescuela, una entidad que ofrece actividades de rafting y kayak, han pasado “de tener todo lleno a solo una o dos balsas”, cuentan fuentes de la misma. “Mucha gente que iba a venir ha decidido no hacerlo”, lamentan. Aunque el pueblo no ha estado ni confinado ni evacuado, el fuego obligó a cortar la A-132 del punto kilométrico 38 al 71, entre Murillo y Puente la Reina.
Algo similar le ha sucedido a River Guru, una empresa que también organiza actividades de aventura en Murillo de Gállego y en la que, según calcula su socio Chema Sopeña, han sufrido “un 40% de bajón”. “La cuestión no es el porcentaje, sino el volumen que este representa, porque agosto es el momento del año. Nos esforzamos para llegar a este mes y que haya una plantilla bien formada y poder trabajar a tope”, indica.

Bajada de kayaks, este jueves en Murillo de Gállego. / Pablo Ibáñez
Sopeña explica que, además de cancelaciones de reservas, han experimentado un “bajón tremendo de peticiones de actividades que se hacen los días de antes”. Suma a ello las suspensiones que han tenido que ordenar desde la propia empresa porque en el pueblo había humo y/o caía ceniza. “Nuestra fuente turística es Jaca, y la gente veía como se quemaba el monte y, si podían, cancelaban. No tenían ánimo tampoco para ir a hacer una actividad de aventura aunque se pudiera”, apunta.
Para este socio de River Guru el incendio de Riglos ha sido el límite de un año en el que “ha ido todo bastante mal”. La causa está para Sopeña en las obras de la A-132, que siempre vieron como “demasiado peligrosas” y así se lo han hecho saber a los distintos responsables una y otra vez. La Guardia Civil señaló la campa de acopio de materiales de esta reforma como punto en el que se originó el fuego, presuntamente por un trabajador de 28 años.
Los pueblos más afectados
Los pueblos que se vieron cercados por el fuego son los que han sufrido sus consecuencias en distintos planos. A la incertidumbre y la tristeza se añadieron los confinamientos y/o evacuaciones y también el parón de la actividad. En la casona Espantabrujas de Santa Cruz de la Serós, el municipio que se ha visto más amenazado por las llamas y el último en el que se ha autorizado el regreso de los vecinos, han sufrido “afección en las reservas con cancelaciones obligadas”.
Según explica Eduardo Arnal, el administrador que la dirige, han tenido que realizar suspensiones inmediatas pero “las de después de agosto se mantienen, no han sido canceladas”. Informa de que se mantiene la comunicación con los clientes que tenían previsto acudir a la casona y con los que lo harán en las próximas semanas. “La mayoría han contactado con nosotros, no para pedirnos explicaciones ni cancelar, sino para transmitir su empatía y su ánimo”, cuenta agradecido.
En el caso de Santa Cilia, que tuvo que ser confinado por la presencia de humo en las calles, el camping privado Pirineos Centro de vacaciones permanece cerrado a fecha de este miércoles y desconocen cuándo podrán recuperar la actividad.
Efectos en Jaca
También en el vivero Biomascotas-Pirineos de Jaca ha hecho mella el desastre que en menos de dos semanas ha calcinado miles y miles de hectáreas. El establecimiento está situado en la carretera de acceso a la Peña Oroel, que también prohibieron la circulación por el fuego. “Los clientes podían acceder si comunicaban a la Guardia Civil que venían aquí, pero no lo sabían”, explica Jara Casasús, que lo dirige junto a su madre. Barajó la opción de señalizar “cortado el paso excepto el vivero”, pero temió que alguna persona se aprovechara de ello para “colarse” en el monte.

Jara posa junto a su madre Joaquina en el vivero Biomascotas-Pirineo de Jaca. / Pablo Ibáñez
Además de una reducción del flujo de clientes, el humo que nubló Jaca durante varios días y la ceniza que cayó sobre la zona ha hecho mella en el invernadero de Jara. Según cuenta, en la zona de la tienda apenas ha habido afecciones porque la nave está cerrada, a excepción de las pavesas que se metieron en un despacho en el que la ventana se quedó abierta. “Donde sí se ha notado es en los invernaderos, porque allí los techos son abiertos y una zona que dedico a semillas, macetas, etc., se ha llenado de ceniza, de polvo… También en las plantas grandes que son de interior, porque pasabas el dedo y se quedaba marcado”, indica.
Las plantas que están fuera del invernadero están limpias después de que en la noche de este martes descargara una fuerte tormenta sobre Jaca. Ella pensó que sería necesario preparar sulfatadoras con agua porque, sostiene, “la ceniza se pegaba en la hoja”, pero la lluvia las ha lavado y se han recuperado. También ha percibido menos solicitudes de flores.
Todo ello se traduce en pérdidas económicas para el negocio -“Es verdad que las cajas de este mes de agosto, en comparación con las del pasado…”, dice- pero apunta que “peor habría sido en mayo, cuando es la campaña fuerte”. Son para ella consecuencias “inevitables” de un incendio que Jara describe como “una pesadilla”.
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