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Cultura

El eco de una imagen

ALFONSO HERNÁNDEZ26/09/2018

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La huella del poeta caído

/ Todos los cementerios tienen vida propia. Ostentosos jardines presididos por mausoleos de sospechoso gusto funerario y austeros campamentos de soldados desconocidos. Superpobladas avenidas de nichos latinos e hileras de patrióticas cruces de barras y estrellas. Construidos para que el fiambre descanse en paz, producen sin embargo un cierto escalofrío en el vivo sea pariente o visitante casual. Porque algo se mueve en esa quietud, como bien saben el ser humano y sus literaturas. No es la bata de cola de la muerte, que contrae matrimonio varias veces a diario en su altar preferido. Tampoco el crujir por aburrimiento de los huesos caducados. En los camposantos, lo que se escucha es la huella del poeta perdido en busca de un verso para asesinar al amor no correspondido y hacer de su dolor hermoso cómplice del crimen. Nadie regresa del otro mundo salvo el rapsoda sin abandonar éste. Caminando sin ser visto sobre sus propios pasos, sin distinguir el alma del cuerpo, espíritu descorazonado sobra la nieve suicida. Todos los cementerios tienen su poeta caído. FOTO: Virginia Mayo / AP
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El beso de la sombra

/ La sombra, nuestra más íntima e inalcanzable réplica chinesca, es la primera en presentarse y la última en abandonarnos. Al llegar la noche o en la caída del telón de la vida. Toma cuerpo los días soleados y en los nublados busca el amparo de los silencios del alma, frente a la ventana del día, esperando a que la bese un rayo de sol para escapar del letargo asceta. Sigilosa y discreta, una película sin positivar, negativo de los secretos filmados en los cuartos más oscuros, en las alcobas inconfensables. Un caminante sin voz sobre el paso de las huellas profundas o ligeras. No pocas veces refugio donde abrigar la soledad deseada o impuesta. Silueta siamesa, juego de formas, espejo negro. No es la falta de aliento la señal que debería certificar la muerte, sino la confirmación de que la sombra ha salido por la puerta en busca de otro autor que no encontrará. Reclamando el beso de la luz apagada. FOTO: Ozkan Bilgin / Anadolu Agency / Getty
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Venecia sin ti

/ Para entender el amor, o tocarlo, hay que visitar sin invitación el desamor. Y viceversa. Aun así, tampoco conducen ambas direcciones, con sus rotondas, curvas y desniveles, al misterio de su naturaleza química y física. Una tormenta desbocada de emociones y sensaciones que, por lo general, converge en el desencanto una vez consumido y consumado por el tiempo o la sinrazón. Cantado y escrito para la eternidad y, sin embargo, evaporado entre la rutina. De nuevo elevado a los altares del sacrificio en la novedad, en el reenganche de otra piel, aroma, palabras, promesas de infinitud... La sospecha de que el amor no es cosa de dos sino de uno mismo también tiene sus feligreses: el placer de reafirmar el yo con tú adoración. Lo que parece cierto es que no existe fenómero humano que, pese a su publicidad poética de modelo único, presente mayor variedad de gamas. Se juega a la ruleta rusa subido a una noria sin contol ni barra de seguridad, con una permanente sensación de caída al vacío con una bala en el estómago. La felicidad y el dolor intercambian lugares de privilegio en el corazón. A codazos o a besos, con su inquilino balancéandose en un columpio de inseguridades. Entender el amor es como entender Venecia, bella por su exclusividad pero condenada al hundimiento. La fascinación por lo contradictorio de embriagadores rincones y melancólicos canales. Sin ti pero siempre contigo.FOTO: Stefano Mazzola / Awakening / Getty
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Insurrección

/ El arte urbano viaja en los vehículos suburbanos de la creatividad, transporte transgresor, vitalista, revolucionario, expresionista y rebelde. Comunica y late en la calle, un lienzo sin fronteras donde expresa, voluptuoso y sin intermediarios, la ciudad amordazada. Furtivo, ilegal, en muchas ocasiones animal de la noche, se posa en las fachadas como pantalla de las inquietudes e injusticias sociales. Reivindica y grita. Este hijo suyo espera sentado en la ventana de un edificio dublinés. Pálido, como ausente, ataviado de secretos. Nada teme frente al vacío; nada tiene que perder. Los brazos cruzados de paciencia; los ojos abstraídos por la meditación. Se sabe vivo por la mano de su autor, que le ha regalado el alma de un fantasma para protestar por el precio de las viviendas. El niño habita dos mundos sobre la cabeza de los transeúntes, el de fantasía y el de la cruda realidad. Insurrecto en su paz. FOTO: CLODAGH KILCOYNE (REUTERS)
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La biblioteca que somos

/ Una biblioteca es el espejo de vidas ciertas, noveladas, con o sin base científica. De historias preñadas en prosa o verso por el germen de los fantasmas y las musas de su autor. No hay lugar de mayor riqueza en el planeta que estos santuarios, como este del Trinity College en Dublín, por donde las palabras y sus personajes gritan en silencio para captar la atención del lector que los visita. Viajar por sus entrañas supone un ritual emocionante hacia un lugar mágico: el descubrimiento final de que en cada página escrita en mil lenguas y millones de lugares, uno se siente identificado, reflejado sobre ese cristal de tinta transparente que son los libros. FOTO: Clodagh Kilcoyne / Reuters
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La buena madre

/ Las buenas madres ejercen sin titulación, con un doctorado entregado el primer día de su propia naturaleza. Están donde deben, cuando deben, mientras deben, si deben y no deberían. Porque una corriente interior, como el arroyo que nace en el vientre de la montaña que son, les arrastra de por vida --y más allá si fuera necesario-- hacia el oficio de perpetuo guardián. El silencioso desprendimiento de una lágrima en la noche; el crujido mudo de un sueño alterado; la más mínima nota quebrada de su hijo recién nacido vista pañales o gobierne naciones, hacen que se transformen en tempestad de caricias y preocupaciones. Abrigan, acunan, arrullan, acompañan... Sufren y aman, en ocasiones sin saber distinguir bien ambos sentimientos, que forman un nudo imposible de desenredar con la pasión. Esta cría de ualabí de cuello rojo aprende a contemplar desde la bolsa protectora. Apenas la luz y la forma de los objetos le llegan a los ojos, pero en su aprendizaje distingue un calor inextinguible, una llama que estará a su lado incluso en el mismo infierno para decorarlo como un paraíso. FOTO: RONALD WITTEK / EFE
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La leyenda del gigante

/ Los gigantes desfilan por la cultura como seres temibles, y sin embargo en la desembocadura del ser humano terminan casi siempre en el delta de la ternura. Porque hay en su monstruosidad, en algunos de sus feroces o teatrales cometidos, una empresa impuesta por la naturaleza literaria, una desproporcionada y colosal maldición que arrastran con desgana por la cañada de la mitología y las tradiciones. Pertenecen a una estirpe de mensajeros del terror cuyas misivas de sangre y amenazas no son de su puño y letra, sino del tintero de las leyendas negras. Cíclopes, ogros, titanes... Moles todopoderosas que pagan ese privilegio con una soledad equiparable a su tamaño. Es como si el hombre los hubiera creado para traspasarles la melancolía, también sus más abominables pecados y vergüenzas, hasta transformarlos en su propia caricatura aumentada. Un niño y una marioneta gigante de buceador se saludan en las calles de Le Havre. No se perciben miedos, ni diferencias. Tan solo la complicidad de dos corazones que se cruzan en la enormidad de un universo cómplice reducido al reconocimiento del uno en el otro. FOTO: Charly Triballeau / AFP
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Un lugar en la vida

/ Viajamos por el tiempo y por el espacio, cruzando fronteras, océanos, valles y cordilleras en la aventura incompleta de la vida, descubriéndonos más sabios y desnudos, más fuertes y vulnerables con la mochila rebosante de contradicciones. Somos pasajeros de un tren de única dirección sobre los raíles de un presentimiento turbador: el de ser propietarios de un pasaporte prestado. Esa travesía inquietante y enriquecedora, de breves paradas en apeaderos de la alegría y largas esperas en las estaciones del dolor, se puede hacer en soledad o en compañía, no siempre eligiendo. En muchas ocasiones, el loco maquinista del corazón hace descarrilar el vagón de la incierta armonía individual hacia un campo de sueños compartidos, donde todo adquiere sentido en otra persona. Las fronteras se borran, los océanos se abren y las cordilleras hacen franqueables todos sus senderos. Se posa el pájaro sobre la cabeza del ciervo y sobran las preguntas y las respuestas. Puede que despertemos de nuevo siendo espectadores del paisaje a través de la ventana, o, por contra, colonos de un horizonte definitivo, de un lugar en la vida tan frágil y enigmática. La elección del destino es nuestra única pertenencia. FOTO: Marvin Recinos / AFP
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El alma en el infierno

/ Precisas y desgarradoras fotografías nos enseñan a diario cómo el hombre agrede la tierra sin compasión. Por interés económico o por puro placer patológico. En el reverso de esas imágenes, hay asociaciones y particulares que luchan, incluso dejándose la vida, por sensibilizar a los habitantes de que este planeta les pertenece hasta cierto punto, en lo que establezca el calendario biológico de cada cual. Pero la tendencia suicida y la ignorancia egocentrista entienden la naturaleza como propiedad de su tiempo y, por lo tanto, se adjudican la potestad de su administración sentados sobre el trono de un vertedero ético y ya también físico. Esta instantánea de Pedro Nunes ha sido tomada tras un incendio en la montaña de Sintra, en la localidad portuguesa de Cascais. El fuego lo ha consumido todo menos el mensaje, poderosamente representativo del dolor de los pequeños detalles de una gran catástrofe. Recoge la viva expresión del alma inocente en el infierno, dibujando curvas corporales para, inútilmente, huir de la llamas. El silencio del horror amplifica la bárbara estupidez del crimen. Ni siquiera la muerte, por respeto, acude a este tipo de funerales organizados por puro capricho asesino. FOTO: REUTERS / Pedro Nunes
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El corazón de Joker

/ Detrás de todo gran villano hay una gran tragedia personal. O un pequeño drama íntimo que se estampa con el paso del tiempo contra las paredes insonorizadas que encierran los secretos. El comic les ofrece un hogar, como a Joker, para que purguen su dolor con malvada terquedad, sin límites morales, fuera de toda ley. Para completar la catarsis necesitan un antagonista, un héroe que represente y defienda los valores ultrajados, que dé sentido a su obsesivo placer por la destrucción. Un tipo bien parecido que, por lo general, carece de riqueza introspectiva: hace el bien porque lo exige el guión y cumplida la misión se convierte en uno más. Los viles de oficio lo son en realidad por terapia y nunca renuncian a su personalidad. Fracasan en la escena final porque es lo que vende en taquilla, pero su alma de ángel caído perdura más allá de la muerte que ni temen ni rechazan por la puerta de salida que le ofrece el historiador. Cada vez que alguien se disfraza de Joker, no solo da vida al criminal, sino también a un ser humano que antes de instalarse en las cloacas quizás expuso demasiado su corazón a la mentira del amor eterno, hasta que se lo acribillaron a balazos. FOTO: Georgi Licovski/EPA
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La armonía de la felicidad

/ El cielo lo ocupa todo pero la atención se clava por completo en una forma de querer, en un juego millones veces repetido que no por ello deja de ser único y exclusivo. Un padre eleva a su hijo una tarde de verano, siendo ambos el paisaje de una danza ancestral que combina el movimiento de las ilusiones con la armonía de la complicidad. Una sinfonía alegre se escucha por delante de la propia visualización, del plano principal. El grito del pequeño sintiéndose pájaro mientras por el estómago le revolotean las mariposas del vértigo; la satisfacción del hombre sabiéndose árbol firme sobre cuyas ramas se agita la hoja de la propia savia, mecida por un viento de profunda calidez. La imagen nos transporta a ese espacio de la memoria reservado a la felicidad plena y tan poco visitada (el cielo que todo lo ocupa). Merece la pena volar con las alas prestadas por el amor; merece la pena ser atril de tu partitura. FOTO: Ahn Young-joon / AP
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"Oh Señor"

/ Mahatma Ghandi (su estatua) recibe un puntual bautismo higiénico por estas fechas para celebrar el nacimiento de uno de los grandes profetas de la paz del siglo XX. Como la mayoría de los personajes que han luchado por los derechos humanos sin métodos violentos, acabó amortajado antes de su fecha de caducidad natural por el psicópata que estaba de guardia (o al servicio de la conspiración) en ese instante de la historia. Hoy, sus cenizas siguen surcando el río Ganges mientras se venera bastante más la escultura que le recuerda que los hermosos legados que regaló en herencia. Tiene el hombre esa costumbre de sacar al ilustre muerto a pasear y dejar bien enterrado bajo el festejo el catecismo de su incómoda sabiduría. El operario jefe encargado de la limpieza ha estimado oportuno colocar los anteojos que distinguieron a Ghandi para que pueda observar cómo está el mundo sin él. Lo hace con los párpados cerrados, como cuando uno quiere desmarcarse de una mala acción o se avergüenza de ella. Por lo que se puede apreciar, o el presupuesto no daba para acompañar las gafas de lentes o han preferido que Mohandas Karamchand Gandhi continúe descansando en aquella paz con pétalos de libertad que soñó en vida. Sin pertubar su alma en un planeta en constante pie de guerra, líder de una carrera infernal hacia la autodestrucción. «¡Hey, Rama!». FOTO: Noah Seelam / AFP
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Distante hermosura

/ Zaragoza 1.45 AM. Las formas de la luna son como un almanaque de estados de ánimo. Sin perder su enigmática y solitaria belleza, lo mismo se entrega por completo que se refugia en la cara oculta. Indescifrable entonces, comprender sus fases es un ejercicio inútil. Queda el placer de contemplar su hermosura distante, su fría estampa, y aullar bajo el influjo de una noche de maravilloso e incompleto viaje a su hermético corazón (Foto: Alfonso Hernández)
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El sueño real de la sirena

/ Las sirenas, como este grupo que se reúne puntualmente para nadar en la playa israelí de Virgin Beach de Kiryat Yam, llevan siglos surcando la vida del ser humano. Nacieron del vientre de la mitología griega y su leyenda se extendió por los tiempos sin tiempo de la literatura, la escultura, la música y la pintura hasta instalarse en la inmortalidad de la poesía, donde toman cuerpo alimentándose de almas náufragas o de intrépidos aventureros del corazón. Claro que existen, como aquello que se sueña. Pasajeras singulares del arte en todas las culturas, son promesas en la cresta de la ola que va a morir a la roca, seductores cantos en la inmensidad inabarcable del océano, aroma imposible de rosas blancas tierra adentro. “Pero hacia el ensueño navegando un día, escuché lejano canto de sirenas y enfermó mi alma de Melancolía", escribió Ramón María del Valle-Inclán. No existe viejo zorro de mar que en alguna ocasión haya dirigido su proa hacia la dulce perdición de un horizonte romántico cuyo destino final es ser víctima del propio sedal. Juegan las sirenas en la playa. Lloran los hombres en el tintero para escribirlas y describirlas.FOTO: ABIR SULTAN (EFE)
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Lágrima universal

/ Llora, durante una protesta contra la inseguridad laboral, la esposa de un trabajador que murió mientras limpiaba una alcantarilla en Nueva Delhi. Un cadáver en la alcantarilla en Nueva Delhi para el occidente burgués despierta el mismo interés emocional que la elección de la corbata o los pendientes adecuados para acudir a una fiesta de forzado protocolo. Posiblemente, menos. Toda tragedia que ocurre fuera de nuestra elaborada burbuja de confort moral, a millones de kilómetros, es el breve y molesto crujido de un pájaro estánpandose contra el cristal. Si sucede en la puerta de enfrente, entonces se pasa la bayeta de la correcta vecindad. No está el mundo civilizado para perder el tiempo en las penurias ajenas con todos los correos, mensajes de de redes sociales y llamadas pendientes por contestar. El auténtico drama sería perder el móvil, no el fallecimiento de un operario en el sur de Asia. Si es que existe. Esa lágrima que se apodera sin esfuerzo de la fotografía trata de explicarnos que el planeta del desconsuelo carece de fronteras, de distancias clasistas o geográficas. Que la muerte nos hace igual de vulnerables en un oficina que persiguiendo ratas en un pozo séptico. Silenciosa, sin prisas, se descuelga la gota por el rostro mudo de una mujer que ha perdido a su marido. Todo es sencillo en la composición de su aflicción. El manantial de sus ojos es punto de encuentro universal. No es obligatorio llorar con ella, pero esa lágrima es tan nuestra como suya. Y seremos afortunados si un día no muy lejano alguien, antes de anudarse la corbata o colocarse los pendientes frente al espejo, siente que una de ellas se le escapa al recordarnos. FOTO: ADNAN ABIDI REUTERS
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La sombra del alma

/ Las sombras del alma vagan sin luz alguna por los laberintos del dolor, como la de este inmigrante dentro de un vehículo policial en Málaga. Apenas se percibe una silueta abatida, lo que magnifica las líneas de hombre destruido, anulado, de regreso a la oscuridad y la derrota. Se percibe la destrucción con absoluta nitidez. También la decepción, el sello del terror en su nuevo pasaporte hacia la miseria. Su rostro carece de rasgos igual que de libertades, mientras su cabeza se derrumba sobre los hombros de la desesperanza. Viaja en el interior de un fracaso que no es otro que el del ser humano, esclavo de la insensibilidad, sombra sin alma. FOTO: REUTERS/Jon Nazca
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El rey león

/ Ruge el viejo león con idéntica dignidad y fuerza de sus días de vino y rosas en este sofocante septiembre del 2018. Es una instantánea poderosa, temible incluso para el policía que sostiene la valla del sistema no sin una muesca de respeto pese a su oficio en este caso represor. Sobre el espejo de ese casco protector se refleja una solicitud justa, la mejora de las pensiones y se posa el aliento de una reivindicación íntegra, innegociable política, económica y moralmente. Rejuvenece el luchador en su ira de animal herido, de gran cazador que reclama sin medias tintas que se reconozcan sus méritos laborales ahora que se encuentra en la reserva. La imagen puede conducir al error interpretativo. No trata de la lucha de una generación marginada, sino de la defensa de derechos básicos y atemporales. Ahora que la mansedumbre se propaga, promociona, impone y acepta como una virtud entre los jóvenes cachorros, es una magnífica estampa la de este depredador encolerizado que se niega a pasar por el aro. FOTO: EFE/Mariscal
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Lo que el Papa ve

/ Marcan sus labios una gentil sonrisa perfilada por la sinceridad, por la serenidad de hombre de Dios y, sobre todo, de dioses menores, de ciudadano libre de cargas divinas y humanas por un instante (si esto es posible en Palermo; si esto es posible para alguien que descansa cuando el agua de los ríos se detiene). En este imagen solo hay dos ojos. Radiante de fe el de ella; bordado de paz profunda el de Francisco. Mira el papa el smartphone pero se percibe una profundidad de campo mayor. Enfoca un lugar que traspasa la fotografía y las religiones, que apunta al corazón del observador observado, a quien parece lanzar una pregunta que no es necesario responder; una invitación que no es obligado aceptar; un dulce reproche sin el impuesto de la penitencia. Entre luces y sombras, como buen creyente, se introduce en el laberinto de cada uno de nosotros, paseando descalzo, acompañándonos entre sirenas extraviadas, unicornios desconcertados y esa legión de fantasmas que nos acechan a diario por los rincones del alma. Sin perder la calma, ofreciéndose de faro, mostrándose como una goleta más a merced de los vientos, dispuesto a naufragar en la misma roca. Transmite santidad para todos los públicos, sin prometer más milagro que esa sonrisa que todo lo ve y nada impone. Si acaso, que luchemos por capturar la felicidad aunque dure lo que un selfie. FOTO: REUTERS/Tony Gentile
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La gran inquietud

/ Luce orgulloso el agricultor, cuya camisa ya de por sí es una colorida huerta, con el repollo de 30 kilos que ha brotado en la campiña de Harrogate, en el condado de Yorkshire del Norte. Yorkshire deslumbraba hasta ahora en el mapa de nuestras vidas por su terrier, perro faldero de compañía de famosas de todo tipo de pelaje. También por su excelente abono para la siembra de músicos y grupos tan notables como Joe Cocker, The Housemartins, The Cult, The Human League, Pulp, Kaiser Chiefs o Arctic Monkeys, quienes antepusieron el estudio de grabación al tractor o la peluquería canina para labrar sus destinos. A partir de ahora será casi imposible mirar hacia el Norte de Inglaterra sin recordar a Ian Neale, ese hombre que subió a una colina y bajo de una montaña con semejante vegetal. Porque lo gigantesco despierta en el ser humano una tremenda admiración. Lo físicamente grande gana no pocas batallas de interés general a la suprema inteligencia. Si este repollo hubiera sido la ópera prima de algún pintor flamenco de bodegones, seguramente se habría muerto de hambre intentando colocarlo en la corte. Pero visto al aire libre y en intencionada comparación de medidas con su autor, adquiere el engendro vigor visual y genera cierta inquietud: ¿acabarán sus hojas en el puchero o, como ocurría con aquellas vainas de Don Siegel en 'La Invasión de los ladrones de cuerpos', seremos su alimento replicante nosotros, Arctic Monkeys y los terrier y sus famosas? FOTO: Peter Byrne/PA
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Títere del olimpo

/ Bob Bowman podría volar gracias a una cometa sobre una playa de Virginia. No hay por qué dudar de la fotografía pese a que el encuadre dispare el obturador de la imaginación. O de una realidad paralela y tan cierta como la original. Saluda, intrépido, la proximidad del huracán Florence, que es lo mismo que decir que está retando a los dioses, gobernadores de la naturaleza humana y, a la vez, gentiles patrocinadores de debilidades compartidas como la osadía. Suspendido en la nada, en el todo, cree columpiarse de la mano de Zeus, cielo y trueno, para vivir una aventura que persigue la inmortalidad efímera, el placer de balancearse lo más cerca posible del recolector de nubes. El fin es sentirse único, contemplarse todopoderoso desde el punto más alto de la vulnerabilidad. Los cíclopes, sin embargo, se aproximan con su batería de relámpagos para hacerle saber que su tiempo de héroe, de sultán del aire, pende del mismo hilo del resto de los mortales. Pobre Bob. Pobre trapecista sin red, títere del olimpo. FOTO: ALEX BRANDON (AP)
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Aria en la cabina de las maravillas

/ Una cabina telefónica de indudable raíz británica reconstruida como biblioteca en Long Clawson... La pequeña Aria Casey, de 2 años, disfruta dentro, aún ajena a otra cosa que no sea sonreírle a la vida, jugando sin dificultad a ser niña en ese jardín de sabiduría compacta en forma y fluida en los meandros de sus estanterías. Los libros, que sin apenas espacio para respirar se intercambian caricias, le abrigan y sus hojas le susurran. ¿Es posible que un conejo blanco vestido con chaqueta y chaleco esté invitándole a seguirle? Solo ella puede verlo en ese minúsculo país de las maravillas. En este santuario de la fantasía y el ingenio se escuchan las voces de Virginia Wolf (“Madurar es perder algunas ilusiones para empezar a tener otras”), Charles Dickens ("Un corazón que ama es la más verdadera de las sabidurías"), William Shakespeare ("Los amigos que tienes y cuya amistad ya has puesto a prueba, engánchalos a tu alma con ganchos de acero"), Lewis Carroll ("La regla es mermelada mañana y ayer, pero nunca hoy") o Lord Byron (“El amor es lo único que hay que ganarse en la vida, todo lo demás se puede conseguir robando”). Suena una llamada en la cabina. Al otro lado de la línea, George Bernard Shaw: "El hombre no deja de jugar porque se hace viejo. Se hace viejo porque deja de jugar". Aria le pide a su madre ir a los columpios. FOTO: REUTERS / Darren Staples
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No es para tanto

/ Nos tomamos la vida tan en serio que por momentos lo parece. Todo adquiere a nuestro alrededor categoría cósmica, de igual manera para elegir un bote de champú que pareja para el resto de los días con sus noches y ronquidos incluidos. ¿Somos para tanto? ¿Trascienden nuestros actos más allá de esta ladera en Cangas de Onís donde las vacas pasean sin preocupación freudiana alguna? A esa postal se ha sumado el ciclista, que posa cual pensador tubular de Rodin inmerso en sus reflexiones, lo que le da a la postal un tonalidad de paz budista no exenta de misticismo rural. El corredor ha decidido detenerse, pero no hay misterio en su rendición: ha hallado sentido a su existencia, que consiste en formar parte de un paisaje elegido así el pelotón lo olvide en busca de una gloria que nunca le interesó demasiado. El hombre y el animal conviven ajenos y sin embargo entrelazados por la franqueza del desinterés por lo rimbombante. ¿Por quién doblan las campanas? Jamás lo harán por el champú seleccionado. FOTO: AFP/ Miguel Riopa
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Un traje intocable

/ A finales de mes van a subastar en Londres el traje con el que Christopher Reeve dio vida a Superman en las películas de 1978 y 1980. Si ya llegamos a esto, la humanidad está definitivamente perdida. Es cierto que el esquijama que lucía el actor neoyorquino ha perdido glamur en comparación con las armaduras tridemensionales y mutantes de los superhérores actuales. El cinturón de plexiglás y el eslip --prenda que por cierto muestra sin tapujos alguno de sus poderes-- chirrían hasta povocar dentera y no tendrían un pase por la París Fashion week. Pero la capa desprende un señorío atemporal en el conjunto de esa iconografía del bien universal y, en definitiva, justifica el resto del estilismo --botas Abba incluidas-- por muy desfasado que nos parezca. Además, ¿qué ocurriría si Lex Luthor se lleva la puja? Deberíamos dejar en el perchero de lo intocable esta indumentaria (por qué creen que llevan guantes los operarios). Siempre habrá un Clark Kent dispuesto a cruzar la ciudad en un santiamén de esa guisa para bajar un gato de un tendido eléctrico, evitar que un anciano sea atropellado o detener un meteorito en dirección al Boston Herald. Si esto último es posible. FOTO: REUTERS/Toby Melville
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El imperio del sol naciente

/ Bueno, pues aquí estamos cariño... "¿Te acuerdas?" "¿De qué?", balbucea ella mientras repasan los álbumes de su vida entrelazada dentro de una escenario muy propio para la ocasión. "De cuando...." Y se hace el silencio entre la pareja más longeva del mundo, un universo comunicado por los raíles de la convivencia, por donde circulan a mucha más velocidad los recuerdos que las palabras, las miradas perdidas que se encuentran en tantas estaciones en común. Masao Matsumoto y Miyako Matsumoto se dejan fotografiar en una casa de reposo en Takamatsu, Japón. Una imagen en la que él posa con firmeza distraída y ella con atenta ternura rosa. La instantánea, tomada como fenómeno social y genético, no lo cuenta todo (imposible un objetivo que abarque ese campo de profundidades). Es una postal con pinceladas de hermosas victorias (o no tanto) contra el reloj vital y las relaciones exprés. ¿"Me amas?", pregunta ella sin que una sola sílaba salga de su boca. ¿"A qué hora se merienda?", contesta él. Son ya una sola memoria con la única necesidad de una única respuesta: descubrirse el uno frente al otro cada día en el imperio del sol naciente. FOTO: REUTERS
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El milagro

/ En esta fotografía de foco mesiánico, con Cristian Álvarez caminando entre aguas e ilusiones zaragocistas antes de un partido, hay diferentes lugares en los que reposar la atención. Inevitable centrarse en la figura del portero, cuyas manos se abren en cruz para sentir el cariño y la admiración de los fieles seguidores de su doctrina deportiva. Paz y amor dice su sonrisa, la de un líder espiritual atemporal (coetáneo de Cristo y heredero de John Lennon), sencilla divinidad con los pies en la tierra siempre que la jugada no le obligue a levitar de palo a palo, a obrar milagros cada fin de semana. En la misma imagen, la bandera ondea con el escudo como palio sobre el paso del santo rockero. La imagen pertenece a Ángel de Castro, pero el alma de la captura desprende el misticismo de una obra de Zurbaran. En la parte inferior, a la derecha de la instantánea, se amplían las lecturas, los significados. Un niño, pulcramente equipado con el traje del Real Zaragoza, alarga su brazo de tierno pero convencido discípulo. La palma de su mano derecha viaja para encontrarse con la del futbolista mientras un pariente le contiene la izquierda para que no pierda el equilibrio. Podría interpretarse que el pequeño no ha logrado tocar a su ídolo, pero su rostro soleado explica lo contrario: la aureola de Cristian ha calado en su corazón de cachorro. FOTO: ÁNGEL DE CASTRO
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La fotografía de un país

/ España siempre se ha lavado las manos con la Venezuela de Maduro, o si se ha tirado a la piscina lo ha hecho sin mojarse un pelo. Al margen, claro está, de esa comunión fenicia del progresismo morado con un regimen insostenible por los cuatro costados. La 'octava isla', donde miles y miles de canarios y de otros lugares de la península fueron en busca de fortuna (y la consiguieron) en la década de los 50, es hoy un país devastado con el que los políticos españoles mercadean votos de los descendientes y ventajas para las empresas muy bien instaladas en la república. El pueblo rico que acogió busca hoy, pobre, refugio en cualquier rincón de América Latina. El bolívar que un día tuvo una cotización paritoria con el dólar estadounidense, es moneda insultante. Ese pollo se cuatro kilos y medio que observan en la fotografía tiene tras de sí su coste en forma de billetes: 3.991.700 bolívares. Si el salario integral ha ascendido 2.555.500, no da ni para mil gramos. Que no lo rellenen con más mentiras ni intereses. La gente pasa hambre, Maduro. FOTO: REUTERS
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La trinchera de la dignidad

/ Hay guerras que se libran contra el enemigo y otras, además, que se emprenden en la trinchera de la dignidad. Este palestino discapacitado utiliza una honda para arrojar piedras a las tropas israelíes en Gaza. Amputada su patria y sus piernas, dibuja la sonrisa del esfuerzo en tierra de nadie para ensanchar las fronteras de su pueblo. Mientras el resto enarbola banderas y celebra el combate, David reta en solitario a Goliat convencido de la victoria sobre una silla de ruedas que ignora. No hay arma de mayor alcance que la convicción de que se lucha por algo justo. FOTO: REUTERS
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Pasión entre las ruinas

/ El estudiante mantiene la mirada clavada en la pizarra de la devastada escuela de Aal Okab en Saada, Yemen. Todo a su alrededor es destrucción y, sin embargo, como ausente, busca una respuesta, quizás el resultado de una ecuación imposible: el porqué de la condición animal del ser humano. Su quietud, sin embargo, parece la de alguien ajeno a este mundo, erguido y deslumbrado por esa poesía sobre el amor de Nizar Qabbani que se le ofrece agonizante de trazos apasionados. "Entre tus pechos hay aldeas incendiadas, millones de fosas, restos de barcos hundidos y armaduras de hombres asesinados. Ninguno de ellos ha regresado. Todos los que pasaron por tu pecho desaparecieron" (Pasión) FOTOGRAFÍA: UNICEF
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Fuera de control

/ Así es la vida. Un día estás en lo más alto o en una cima social más o menos elevada y, en un abrir y cerrar de ojos, sientes que has perdido el control sobre ella. Las decisiones que antes tomabas entre la algarabía, el respeto o la sumisión general a tu alrededor, ahora son una cuestión de otros, y cuelgas, como esta vaca suiza, en un vacío de incertidumbre. La pobre está lesionada y la trasladan en helicóptero hacia zonas de pasto. Llega un momento en que somos animales heridos por nosotros mismos, por el tiempo o por los designios de la jefatura en formato de destino y no queda más remedio que dejarse llevar hacia la dorada reserva. Eso sí, si aún das leche merengada, porque de lo contrario te dejarán caer en algún lugar del valle de los inservibles. Y si te ha dejado tu novi@, te jodes, o te creías que esto era para siempre Christopher Lambert. La inmortalidad es aire. FOTO: URL FLUEELER (AFP)
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El photocall de la dictadura

/ La polvareda que está levantando la exhumación de los restos de Franco y la intención del Gobierno de buscar al esqueleto del dictador un lugar "digno y respetuoso" para la sepultura si su familia no se hace cargo del muerto, no oculta que la mole del Valle de los Caídos tuvo su gancho para bastantes famosos. Una vez levantado para gloria de los vencedores, el régimen sacó buen partido propagandístico de su monumento insignia. Pocos políticos, deportistas y personajes populares de todos los ramos y nacionalidades se resistieron a la invitación de posar frente a la basílica y su cruz. Lorne Greene, el actor protagonista de la serie Bonanza; la actriz de Pipi Calzaslargas, la pareja de la serie Los Roper; Nixon; Di Stéfano… Paquito Fernández Ochoa, ganador del oro en los JJOO Olímpicos de Invierno de Sapporo 72, dio un paso más y se casó dentro. Y aquí, en la foto, que data de 1966, tenemos a Pelé, Joao Havelange y al bello Luiz Bellini, uno de los mejores centrales de la historia del fútbol brasileño, el día antes de que la canarinha jugara un partido amistoso contra el Atlético de Madrid en su preparación para el Mundial de Inglaterra. O Rei y la delegación debieron pensar que el mausoleo tendría cierto parentesco con su Cristo del Corcovado de Río de Janeiro. Con un pequeño matiz a favor de una de las siete maravillas del mundo moderno: en la estructura elevada en su país no reposa un sola gota de sangre derramada ni por las balas ni por la construcción. Dentro de unos meses perderá el encanto fascista de acoger en su seno al pequeño generalísimo, aunque conociendo un poco este país, no se puede descartar que sus fans le construyan un Graceland a la medida. Con photocall incluido. FOTO: EFE
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La novia cadáver

/ Esta mujer prueba un ataúd en Japón. Así, tan risueña y bien puesta. Verificando si las medidas de su última morada se ajustan a las suyas antes de adquirir la caja de pino (por cierto, muy de Ikea). Puede que sea una costumbre oriental, donde no se deja al azar ni el nacimiento del Sol. Tan ancha y larga se diría que está dando su aprobación a familiares y amigos. Que sí, que la eternidad se hace larga y no es cuestión de tener las piernas encogidas. Su gesto, sin embargo, contiene una mueca de angustia, con esa mano amenazante con cerrar las compuertas y adelantar el funeral como demostración completa del vendedor. La modelo se teme lo peor, y no es el precio. Porque una cosa es ensayar con el vestido de novia y otra bien distinta posar dentro de un traje sin devolución. FOTO TOTU HANAI (REUTERS)
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El manantial de la vida

/ La infancia es la patria de la libertad, un vuelo sin motores, el amanecer refrescante, el paraíso de los juegos eternos. Cada paso es un descubrimiento y el calor, un motivo para la mayor de las aventuras: cruzar el espacio desplegando las alas de la ilusión por lo mínimo, por lo sustancial, por el agua que nos da y alegra la vida. Manantial perenne al que siempre regresamos. FOTO: HEINZ-PETER BADER REUTERS