Encuentros «sin edad» para derribar prejuicios entre generaciones
¿Qué ocurre cuando una estudiante de 22 años y un jubilado de 74 se sientan a conversar sobre salud mental, lenguaje o proyectos de vida? La respuesta puede parecer sencilla: se escuchan. Pero en una sociedad donde los estereotipos sobre la edad siguen muy presentes, ese intercambio se convierte en una poderosa herramienta para combatir el edadismo.
Encuentros «sin edad» para derribar prejuicios entre generaciones
¿Qué ocurre cuando una estudiante de 22 años y un jubilado de 74 se sientan a conversar sobre salud mental, lenguaje o proyectos de vida? La respuesta puede parecer sencilla: se escuchan. Pero en una sociedad donde los estereotipos sobre la edad siguen muy presentes, ese intercambio se convierte en una poderosa herramienta para combatir el edadismo.
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La lucha contra la discriminación por edad se ha convertido en una prioridad social en España. Según la experta en envejecimiento saludable Vânia de la Fuente-Núñez, cerca de la mitad de la población considera que las personas mayores de 55 años sufren algún tipo de discriminación. Frente a esta realidad, la Fundación "la Caixa" impulsa encuentros intergeneracionales que buscan transformar el diálogo entre jóvenes y mayores en un motor de cambio social.
El proyecto forma parte de una estrategia más amplia para visibilizar y combatir el edadismo, entendido como el conjunto de prejuicios, estereotipos y conductas discriminatorias basadas en la edad. Uno de sus hitos fue la creación, en 2023, del Glosario sobre edadismo, elaborado de forma participativa junto a personas mayores. La iniciativa identifica palabras y expresiones que perpetúan visiones estereotipadas del envejecimiento e invita a reflexionar sobre cómo el lenguaje moldea nuestra percepción de la realidad.
Porque las palabras importan. Como resume Sheila Carreira, estudiante de 22 años y participante en los encuentros, «el lenguaje crea realidades». Ser conscientes de cómo hablamos sobre la edad es, a menudo, el primer paso para cuestionar prejuicios profundamente arraigados. Con ese objetivo, la Fundación puso en marcha en 2025 una red de talleres en toda España para ayudar a las personas mayores a identificar y prevenir situaciones de edadismo. Más de 900 participantes han pasado ya por las más de 60 sesiones celebradas, donde aprenden a reconocer actitudes discriminatorias y a desarrollar herramientas para responder a ellas.
Sin embargo, el verdadero valor de estas iniciativas va más allá de la formación. Está en las conversaciones que surgen entre generaciones. En el Centro Social de Personas Mayores El Llano, en Gijón, jóvenes y mayores comparten experiencias, inquietudes y perspectivas sobre cuestiones tan diversas como la movilidad, los cambios culturales o la salud emocional. A medida que avanzan las sesiones, las diferencias de edad dejan de ser una barrera para convertirse en una fuente de aprendizaje mutuo.
Ese intercambio favorece la empatía y desmonta ideas preconcebidas. Los jóvenes descubren trayectorias vitales llenas de experiencias y proyectos, mientras que las personas mayores encuentran espacios donde sus opiniones son escuchadas y valoradas.
La idea del empoderamiento aparece de forma recurrente en estos encuentros. Germán Menéndez, de 74 años, lo resume con una frase que se ha convertido casi en una declaración de intenciones: «Cambiar uno mismo acaba por cambiar la sociedad». Una reflexión que conecta con el espíritu del proyecto, basado en la convicción de que las transformaciones colectivas comienzan con pequeños cambios individuales.
Los talleres también han dado lugar a acciones comunitarias que refuerzan el papel de las personas mayores como agentes activos dentro de sus barrios y municipios. Más de 400 personas han participado ya en iniciativas culturales, de voluntariado y sensibilización que promueven la colaboración entre generaciones. Entre las propuestas más simbólicas destaca la creación de una bandera contra el edadismo. Sus colores reflejan los valores que inspiran el proyecto: el amarillo representa la sabiduría, el plata la lucidez y el verde la esperanza. Más que un emblema visual, la bandera simboliza el compromiso compartido de jóvenes y mayores para construir una sociedad libre de prejuicios relacionados con la edad.
Las historias personales que afloran durante los encuentros ayudan también a cuestionar la imagen tradicional de la vejez. Loli, una de las participantes, reivindica una visión más abierta de esta etapa vital: «La vida no termina al llegar a los 60». Para ella, y para muchas otras personas, esos años pueden convertirse en una auténtica «segunda juventud», llena de proyectos, aprendizajes y nuevas oportunidades. Esta mirada resulta especialmente relevante porque el edadismo no es solo una cuestión de actitudes individuales. Como señala la psicogerontóloga Montse Celdrán, también tiene raíces culturales y estructurales. «El edadismo surge de cómo nos hemos organizado como sociedad», explica. Combatirlo exige, por tanto, algo más que buenas intenciones: requiere transformar la manera en que entendemos el envejecimiento y el papel de las personas mayores.
La educación y el contacto entre generaciones son herramientas fundamentales para avanzar en esa dirección. Cuando jóvenes y mayores comparten experiencias en igualdad de condiciones, desaparecen muchos de los prejuicios que alimentan la discriminación. Lo que emerge en su lugar es una visión más compleja, rica y humana de todas las etapas de la vida. Los encuentros impulsados por la Fundación "la Caixa" demuestran que ese cambio es posible. A través del diálogo, la reflexión y la participación comunitaria, están contribuyendo a construir una cultura más inclusiva, donde la edad deje de ser una etiqueta para convertirse simplemente en una parte más de la diversidad humana.
Porque la lucha contra el edadismo no corresponde únicamente a quienes lo sufren. Es una responsabilidad colectiva. Y quizá empiece con algo tan sencillo —y tan transformador— como sentarse a conversar con alguien de otra generación.