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Zaragoza suena: 25 años en La Lata de Bombillas

Fundación CAI acoge una exposición de Jaime Oriz que muestra cómo una sala de conciertos puede convertirse en el corazón cultural de una ciudad

Un visitante observa la exposición de Jaime Oriz sobre los 25 años de La Lata de Bombillas, en Fundación CAI.

Un visitante observa la exposición de Jaime Oriz sobre los 25 años de La Lata de Bombillas, en Fundación CAI. / El Periódico de Aragón

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Zaragoza

Hay lugares que no solo albergan conciertos, sino que construyen ciudad. La Lata de Bombillas es uno de ellos. Desde hace 25 años, esta sala zaragozana sigue siendo mucho más que un escenario: es un refugio musical, una plataforma para artistas y una fábrica de recuerdos compartidos.

Por su escenario han pasado figuras consagradas como Nacho Vegas, Tulsa, Nick Waterhouse, La Habitación Roja o León Benavente. Pero también bandas emergentes, propuestas arriesgadas y artistas locales que han encontrado allí su primera oportunidad. La Lata no solo programa: crea comunidad.

Esa historia continúa hoy y se amplifica en las paredes del Centro Joaquín Roncal de Fundación CAI. Allí se expone “Al final, abrazos”, una muestra en color del fotógrafo Jaime Oriz que documenta desde dentro esa liturgia laica que es el concierto en vivo. No es una crónica nostálgica, sino un retrato vivo de una ciudad que se emociona escuchando.

La exposición no recoge solo imágenes: recoge atmósferas. El instante antes de empezar, el sudor del bis, la concentración del músico, la entrega del público. Una mirada honesta que capta la intensidad de lo efímero y lo convierte en memoria compartida.

Porque una sala como La Lata no solo produce cultura: integra. Une generaciones, estilos, públicos diversos. Gente que quizá nunca se cruzaría, pero que se reconoce cuando suena una canción. Y eso también es inclusión.

Fundación CAI acoge esta exposición como parte de su compromiso con quienes hacen cultura desde abajo, con continuidad y con sentido. Ceder sus espacios no es solo facilitar paredes: es formar parte de algo que sigue latiendo.

Celebrar este aniversario no es mirar atrás, sino mirar mejor lo que tenemos delante. La exposición de Jaime Oriz nos recuerda que también somos lo que escuchamos juntos. Y que Zaragoza sigue sonando.

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