La psicosis de un atentado terrorista ha llevado al Gobierno de Tony Blair a aprobar la presencia de policías armados en los vuelos de las líneas aéreas británicas. Los agentes, vestidos de paisano, estarán entrenados para evitar los secuestros de aviones o la toma de rehenes. La decisión forma parte de las precauciones adoptadas tras el 11-S y no responde a ninguna amenaza concreta, según precisó ayer el ministro de Transportes, Alistair Darling.

Los británicos siguen el ejemplo de lo que ya han hecho Israel y Australia. La media fue anunciada un día después de que Blair repitiera en el Parlamento que el Reino Unido se enfrenta a una amenaza terrorista "seria y real".

El Ministerio de Transportes no ha precisado si las compañías estarán obligadas a aceptar la colaboración de los policías, cuándo entrará en vigor la disposición, a qué tipo de vuelos afectará y quién va a pagar a los guardias.

INQUIETUD DE LAS COMPAÑIAS La iniciativa inquieta a las compañías aéreas. Las aerolíneas British Airways y Virgin ya han mostrado su preocupación ante esta presencia, que no agrada a otros colectivos profesionales del sector.

"No creemos que poner a gente armada en un avión sea necesariamente la solución", señaló ayer una representante de la asociación de pilotos Balpa, quien considera más importante reforzar la seguridad, para prevenir que los terroristas lleguen a subir a los aparatos. El Gobierno cree que existe un riesgo muy alto de atentados.