El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, puso ayer en funcionamiento el Consejo de Desarrollo Económico y Social, donde, junto con empresarios, sindicatos, ONG y profesionales, buscará materializar la "alianza de clases" que le permita cumplir sus promesas electorales. Lula defendió ante los 82 miembros del consejo la nueva y drástica reducción presupuestaria y recordó que la situación heredada es "gravísima", y que por eso se vio obligado a "tomar medidas duras, pero imprescindibles".

El jefe de Estado, que acaba de sofocar una fuerte controversia dentro del Partido de los Trabajadores (PT) por las medidas económicas del Ejecutivo, reiteró que Brasil debe volver a crecer de la mano del acuerdo multisectorial. "Por eso, las reformas --entre ellas la que afecta a las jubilaciones y que es rechazada por los sindicatos-- tienen sentido económico y social", señaló.

POTENCIA "El consejo es la oportunidad que surge para decirnos si estamos preparados para que Brasil se convierta en la potencia mundial prometida desde hace casi cuatro siglos", añadió.

El modelo del consejo es el holandés, donde una experiencia parecida funciona desde 1950. Lula pidió a sus miembros que den prioridad a los intereses "del pueblo".