La campaña electoral ecuatoriana cerró ayer con su consabido menú de arengas, promesas de felicidad terrenal inminente y también lo contrario: el fantasma de la chavización sobrevolando el país de mayor inestabilidad política de la zona de la mano de Rafael Correa, el candidato favorito en las encuestas. Los últimos sondeos auguran que Correa, de la Alianza País, un conglomerado que rechaza la alianza comercial con EEUU y mira embelesado a Caracas, obtendría en la primera vuelta alrededor del 27% de los votos.

En segundo lugar aparece Álvaro Noboa, un magnate bananero de familia conservadora que agita el peligro de que Ecuador sea una nueva Venezuela y se presenta como enviado de Dios, pero sin la bendición de la Iglesia, que lo criticó por la sobreabundancia de crucifijos y "ritos sagrados" en sus actos. A poca distancia se halla el socialista moderado León Roldós.

LA BACHELET LOCAL Cynthia Viteri es la delfín de León Febres Cordero, el expresidente socialcristiano que ha sabido manejar los hilos del poder entre bambalinas. Está en el cuarto lugar de las preferencias. Ella pide, al igual que lo hizo la socialista Michelle Bachelet en Chile, un país "con rostro de mujer".

5 MILLONES DE ELECTORES Gane quien gane, los temores son los mismos para Ecuador, donde cinco millones de personas podrán votar. Y por primera vez lo harán los que residan en el extranjero (en España hay unos 100.000 inscritos). Ecuador, donde la mayoría vive con 150 dólares, un tercio de lo que cuesta la cesta familiar, en la última década ha visto desfilar tambaleándose a siete jefes de Estado. Unos --Jamil Mahuad y Lucio Gutiérrez-- fueron derrocados por revueltas indígenas o de la clase media. Otros --Abdalá Bucaram--, por conjuras políticas.