Después de años de silencio, el malestar que la intervención militar en Irak ha generado en el seno del Ejército británico salió finalmente a la luz. En el crepúsculo de su mandato político, Tony Blair ha visto cómo desde la cúpula militar se cuestiona su controvertida estrategia bélica.

Las palabras del general Richard Dannatt, el nuevo jefe del Ejército británico, que pidió la pronta retirada de los 7.000 soldados de Irak, han desatado un microseísmo. El general Dannatt, militar que se enorgullece de serlo y ferviente cristiano, puso el dedo en la llaga cuando afirmó que la presencia del Reino Unido en suelo iraquí agrava el problema de la seguridad internacional.

"No digo que nuestra presencia en Irak sea la causa de las dificultades que experimentamos en el mundo, pero indudablemente las exacerba", señaló el jefe castrense en una entrevista concedida al diario ultraconservador The Daily Mail. Dannatt criticó la "pobre" preparación de la posguerra, en la que "hubo más optimismo que planificación seria". También calificó de "inocente" la idea de establecer una democracia liberal en Irak, algo que, señala, la historia se encargará de juzgar.

APOYO IMPLÍCITO Las palabras del general cuestionando las decisiones del Gobierno y rozando el conflicto constitucional son aún más graves, por contar con el apoyo implícito de numerosos militares de todas las escalas y graduaciones. Visiblemente molesto, Blair, interrogado por los periodistas que asistían a la cumbre norirlandesa de Saint Andrews, trató ayer de esquivar una confrontación abierta, asegurando que las palabras de Dannatt fueron malinterpretadas y sacadas de contexto. El primer ministro llegó incluso a decir que lo dicho por el general, coincidía "palabra por palabra", con la posición del Gobierno, dispuesto a retirar las tropas de Irak "cuando los iraquís sean capaces de hacerse cargo de su propia seguridad".

El militar responsable de las explosivas declaraciones intentó también suavizar su postura, asegurando que entre Blair y él, la diferencia de criterios era delgada como "el papel de fumar". Un portavoz de la Casa Blanca en Washington negó presiones de Estados Unidos para que Dannatt se retractara.

La política y el comportamiento de los estadounidenses en Irak, así como sus métodos para combatir el terrorismo, crean un continuo desasosiego en la sociedad británica, deseosa de que Blair se desmarque de las iniciativas de George Bush. La ministra de Exteriores, Margaret Beckett, pidió el jueves sin ambigüedades el cierre de la base de Guantánamo, afirmando que "la detención prolongada, sin un juicio justo de los prisioneros, es inaceptable en lo que a derechos humanos se refiere". Beckett consideró que "la existencia de ese campo Guantánamo, contribuye más a la radicalización y a la desestabilización que a salvaguardar la seguridad".

Las autoridades judiciales británicas han cuestionado también esta semana la actuación de las fuerzas estadounidenses en Irak, a las que acusaron del asesinato del reportero Terry Lloyd, de la cadena de televisión ITN. Lloyd, de 50 años, murió en marzo del 2003, cuando los estadounidenses dispararon deliberadamente contra la ambulancia en la que viajaba, en las cercanías de Basora, tras haber sido herido poco antes. Junto al reportero inglés, murió el intérprete Husein Osman y probablemente el cámara francés Fred Nerac, dado oficialmente por desaparecido. El único que sobrevivió fue el cámara belga Daniel Demoustier.

"CRIMEN DE GUERRA" Tras una investigación pública, el veredicto del perito forense británico que ha examinado el caso, es que Lloyd fue asesinado y, en consecuencia, pidió al fiscal general que procese a los soldados estadounidenses responsables de lo que la viuda del periodista ha calificado de "crimen de guerra".