Después de tres días de negociaciones para formar sin éxito un Gobierno autónomo en Irlanda del Norte, el primer ministro británico, Tony Blair, y su homologo irlandés, Bertie Ahern, presentaron ayer un nuevo plan a la búsqueda de una alternativa que logre desbloquear la delicada situación. La hoja de ruta de Londres y Dublín, bautizada como "el acuerdo de Saint Andrews", fija un calendario y unos objetivos, que los partidos norirlandeses deberán cumplir, para restablecer la Asamblea de Stormont.

Los dos principales componentes de esa propuesta son la aceptación, por parte de todas las formaciones políticas, de las competencias de los tribunales de justicia y de la policía, así como el acuerdo para formar un Gobierno compartido.

El plan de Ahern y Blair contempla la devolución de los poderes en materia policial y jurídica, dos años después de la creación del Ejecutivo. Los partidos tienen para consultar a sus respectivas bases hasta el 10 de noviembre, día en que deberán dar una respuesta a la iniciativa.

Después, tal y como se había establecido previamente, el 24 de noviembre debe ser designado el ministro principal, cargo que corresponde al unionista Ian Paisley, líder del Partido Democrático del Ulster (DUP) y el viceprimer ministro, responsabilidad que recaería en el dirigente del Sinn Féin, Martin McGuinness. Finalmente, el 26 de marzo del próximo año, deberá quedar habilitada la Asamblea en Stormont. Blair explicó ayer que deberá establecerse alguna forma de respaldo popular en las urnas al plan, ya sea por medio de elecciones o en un referendo.

LA DESCONFIANZA, UN FACTOR Una vez más en el proceso de paz de Irlanda del Norte, la desconfianza es el principal factor que impide a los partidos políticos poner en marcha las instituciones autónomas. Antes de aceptar un compromiso, los republicanos quieren que los unionistas den luz verde a la formación del Ejecutivo. Paisley, sin embargo, exige antes que el Sinn Féin acepte la autoridad de la policía.

El primer ministro británico calificó las conversaciones de Saint Andrews de "difíciles", aunque confía en poner finalmente el broche al proceso de paz, en el que ha participado durante casi 10 años, justo antes de su retirada de la política.