Aglomeraciones, confusión, caos. Largas colas, calor sofocante y poca información. Y todo por el temor generalizado a ser multado si no se votaba. Es el resumen de una jornada histórica en la que por primera vez los ecuatorianos pudieron votar fuera de su país natal. Pero la falta de información enojó a una comunidad que acudió en masa a las urnas. Más de 90.000 ecuatorianos tenían derecho a voto en nuestro país, previo registro en el padrón electoral, y se habilitaron colegios en cuatro ciudades: Madrid, Barcelona, Murcia y Valencia.

La jornada electoral comenzó a las siete de la mañana, con los electores más previsores. Las primeras horas transcurrieron con tranquilidad hasta que, hacia las nueve, la afluencia de votantes empezó a formar las primeras colas, que ya no desaparecieron hasta que se cerraron las urnas, a las cinco de la tarde, como estableció el Tribunal Supremo Electoral.

DESCONFIANZA La confusión sobre si votar era o no obligatorio reinó durante toda la jornada. Aunque dentro del recinto la megafonía no paraba de repetir que no habría sanciones, los inmigrantes no se fiaban. Desde la organización, se insistía en que "el Tribunal Supremo Electoral se pronunciará y no sancionará a los que no acudan a las urnas en el extranjero". La excesiva lentitud con que actuaban las mesas y el hecho de que muchos votantes no constaban en el padrón fueron objeto de críticas.