La negociación del formato y el contenido del primer debate televisado entre los candidatos socialistas ha sido digna de la preparación de una cumbre israelo-palestina. A fin de evitar la confrontación, el equipo de Segol¨ne Royal ha puesto toda suerte de obstáculos hasta lograr reducir al mínimo cualquier posibilidad de roce entre los debatientes. Pero los colaboradores de Fabius y de Strauss-Kahn tampoco se han quedado atrás con las más variadas exigencias. Tanta meticulosidad y tantos peros acabaron por hacer perder la paciencia al presidente del canal Públic Sénat, Jean-Pierre Elkabbach. "¡Ustedes quieren volver a la televisión de Brejnev, les recuerdo que está muerto!", espetó a los equipos negociadores. "¡Son los preparativos del debate lo que deberíamos difundir en directo!", acabó clamando Elkabbach.

Todos los detalles han sido calculados milimétricamente. Especialmente en lo que se refiere a la forma. Pactar el color del decorado, la luz, la estética de los atriles, su disposición --uno al lado del otro y no unos frente a otros-- y la altura de los mismos --adaptada para que todos los candidatos tengan la misma altura-- ha llevado horas de ardua discusión entre los colaboradores. Ante la falta de acuerdo, la decisión sobre el atril que debía ocupar cada candidato tuvo que echarse a suertes antes de empezar la emisión.

Nada se dejó al azar. Incluso las preguntas de los militantes fueron cuidadosamente elegidas, de modo que los candidatos conocían exactamente su contenido antes de salir al plató. Solo las preguntas de los dos periodistas, Emilie Aubry y Emmanuel Kessler, escapaban al férreo control.