El octubre sangriento que vive Irak pesa cada vez más sobre las perspectivas republicanas de mantener su actual mayoría en el Congreso, en las elecciones legislativas del próximo 7 de noviembre. En lo que va de mes son ya 69 los soldados de EEUU caídos en esta impopular guerra, la cifra más alta desde enero del 2005.

Este aluvión de muertos, que coloca en 2.785 a los soldados fallecidos en combate desde el inicio de la invasión del país árabe, en marzo del 2003, ha hundido el apoyo a la gestión del presidente, George Bush, y mina cada vez más las posibilidades de su partido, el republicano, cara a los próximos comicios.

Aún así, la Casa Blanca trató ayer de poner la mejor cara a tan mal tiempo y aseguró que el presidente no se siente forzado a cambiar su estrategia en Irak por los soldados muertos. "Su estrategia es ganar", recalcó el portavoz de Bush, Tony Snow. "Como todo el mundo dice acertadamente, tenemos que ganar y eso cuesta un precio", añadió.

Ese precio es cada vez más alto en vidas humanas, tanto para los estadounidenses como para los iraquís, ya que 767 de estos últimos han muerto además este mes a consecuencia de la guerra, a un ritmo de 45 diarios. Entre ellos se incluyen civiles, funcionarios del Gobierno, policía y fuerzas de seguridad. EEUU sostiene que este incremento de la violencia en Irak se debe a la mayor agresividad con la que las fuerzas estadounidenses están patrullando por la capital, Bagdad, y también por la observación del Ramadán, el mes santo musulmán.

En todo caso, si la sangría actual se mantiene, octubre acabará siendo el tercer mes más sangriento para el Pentágono desde el comienzo de la guerra, según cálculos del Recuento de Bajas de la Coalición en Irak, un portal de internet independiente que contabiliza los muertos y heridos en ese país. Noviembre del 2004 fue el mes más sangriento, con 137 soldados estadounidenses muertos, seguido por abril de ese mismo año, cuando cayeron 135 soldados.