La Unión Europea (UE) chocó anoche con el nuevo nacionalismo económico de Rusia, que utiliza sus inmensas riquezas energéticas como el instrumento para reconstituir su posición como gran potencia internacional. Los líderes de los Veinticinco solo lograron del presidente ruso, Vladimir Putin, garantías en la seguridad del suministro de gas y petróleo a la UE para hacer olvidar los cortes aplicados a Ucrania el invierno pasado, pero no consiguieron que Putin acepte abrir a los europeos la explotación de los recursos energéticos rusos.

El proteccionismo energético de Moscú es el principal obstáculo en las relaciones entre la UE y Rusia y en la renovación del acuerdo de asociación, que expira el año próximo. La UE exige que Rusia acepte incluir en el nuevo acuerdo estratégico los principios de transparencia, apertura de mercado, reciprocidad y acceso no discriminatorio a las infraestructuras y yacimientos energéticos. Pero Putin quiere mantener esas riquezas bajo control de empresas rusas, limitando el papel de las firmas extranjeras a meros asociados.

Los líderes de la UE tampoco lograron ningún avance significativo en la cumbre de Lahti (Finlandia) en el desarrollo de una política ener-gética común, dada la situación distinta de cada uno de los Veinticinco, las diferencias en sus fuentes de aprovisionamiento energético y sus intereses divergentes.

DIVERSIFICAR La cumbre informal de Lahti, por su corta duración, se limitó a una sucesión de debates inconclusos sobre cómo corregir la dependencia energética de la UE, sobre la necesidad de reforzar la cooperación frente a la inmigración ilegal y sobre la urgencia de intensificar los esfuerzos en innovación.

Los líderes europeos abogaron por diversificar las fuentes de aprovisionamiento energético y reconocieron la conveniencia de actuar de forma más coordinada frente a los proveedores energéticos internacionales, en especial frente a Rusia, que suministra casi la mitad del gas que importa la UE y alrededor de un tercio del petróleo importado.

El responsable de la política exterior europea, Javier Solana, alertó sobre la necesidad de una coordinación internacional para evitar que el aumento de centrales nucleares que se producirá en las próximas dos décadas conduzca a una proliferación de armamento nuclear a través del enriquecimiento de uranio. Solana pronosticó que en 20 años se construirán unas 200 nuevas centrales nucleares en el mundo.

CENA DE TRABAJO Tras la corta reunión, los líderes europeos mantuvieron una cena de trabajo con Putin, centrada en la energía. Los Veinticinco expresaron su preocupación al presidente ruso por las denuncias de violación de los derechos humanos y la escalada de tensión con Georgia y reclamaron el esclarecimiento del asesinato de la periodista Anna Politkóvskaya.

Bajo presión alemana y francesa, las críticas fueron mucho más suaves de lo que deseaban numerosos países para no perjudicar los intereses económicos europeos. El presidente francés, Jacques Chirac, rechazó los argumentos del Parlamento Europeo y señaló que "no se pueden vincular las cuestiones morales con las cuestiones económicas". "Los derechos humanos y la energía son dos temas que no tienen relación", añadió Chirac.