Hace tan solo tres semanas, un desconocido disparó en cuatro ocasiones, casi a quemarropa, contra Amma Yan, delegada del Ministerio para los Asuntos de la Mujer de Afganistán en la provincia de Kandahar, en el siempre problemático sur del país, cuando acudía a su puesto de trabajo. En el momento de su muerte, Amma Yan vestía un burka, no por convicción, sino para intentar pasar desapercibida y no llamar la atención en el trayecto de casa a su oficina en Kandahar, una ciudad de Afganistán donde la influencia talibán nunca ha dejado de sentirse. Coincidiendo con el asesinato de esta activista de los derechos de la mujer, el Parlamento elevó una petición para suprimir el ministerio, un intento del Ejecutivo de Hamid Karzai para atraer al Gobierno a los sectores más fundamentalistas de la sociedad local, según las voces críticas.

En tono apasionado, Masuda Yalal, exministra de Asuntos de la Mujer, arremete contra lo que define como involucionismo del presidente afgano en los temas de promoción femenina, cuando está a punto de cumplirse el quinto aniversario de la expulsión de los talibanes de Kabul, la capital del país. "Karzai está intentando atraer al sistema a los sectores fundamentalistas y a los talibanes para acabar con la guerra, y van a ser las mujeres quienes van a pagar el precio", denuncia Yalal.

EXPECTATIVA INTERNACIONAL La comunidad internacional, valedora del Gobierno de Karzai, tiene constancia de los intentos de suprimir la cartera de asuntos femeninos, y está a la expectativa. De acuerdo con fuentes diplomáticas occidentales, los países comprometidos con la reconstrucción de Afganistán "consideran el Ministerio para los Asuntos de la Mujer una unidad ejecutiva clave" y "les resulta llamativo que se pueda suprimir esta institución en un país que tiene semejantes desafíos en la promoción de género".

Sin descartar que el anuncio sea un "simple globo sonda" de las autoridades y que la medida, si llega a aplicarse, "no tenga un efecto real en las políticas de promoción de género", las mismas fuentes advirtieron que Karzai y sus consejeros "se granjearán la animadversión internacional" si se materializa "un involucionismo en su línea política".

PRESIÓN DE LOS RADICALES Pero lo cierto es que las mujeres de Afganistán perciben una cada vez mayor presión de los talibanes y de los sectores más tradicionalistas y conservadores de la sociedad, que quieren poner coto a las libertades y los derechos que han adquirido durante los últimos años. En las semanas posteriores al asesinato de Amma Yan en Kandahar, "la delegación tuvo que dejar de trabajar", según relató a este periódico, vía telefónica, Mehr Afzon Ziyayee, de 38 años, sobrina de la funcionaria asesinada.

"Los talibanes han distribuido shabnana (panfletos nocturnos) en los que prohíben a las niñas ir a la escuela y amenazan con incendiar los colegios a los que vayan las pequeñas; también advierten a las profesoras que no vayan a enseñar, ni que haya afganas trabajando para las oenegés", explica Ziyayee.

El clima de temor e incertidumbre es tal que muchas mujeres de Kandahar con puestos en la administración han optado por no ir a trabajar, y las que lo hacen salen a la calle solo con "burkas viejos y ajados" para que los talibanes piensen "que los visten desde hace ya tiempo" y que no los llevan solo en los trayectos públicos, cuando se sienten expuestas. "Las mujeres ya no se sienten seguras en ninguna parte", dice una activista afgana. Eso explica que ninguna mujer fuera a la ceremonia fúnebre que se celebró en Kandahar en honor de Amma Yan.

Pese a los ataques, a las agresiones y a las maniobras de algunos sectores del Gobierno para frenar la promoción de la mujer, no todo el panorama es sombrío para las afganas. Aunque el clima de temor y la incertidumbre se extienden entre las mujeres del país --particularmente las del sur-- paralelamente a la intensificación de las hostilidades, las activistas de los derechos de la mujer se felicitan por los logros legislativos conseguidos en los últimos cinco años, que, no obstante, han ido por delante de los avances sociales.

Más de la cuarta parte de los miembros de la Cámara baja afgana "son mujeres, porcentaje que se eleva a una tercera parte en la Cámara alta", recuerda la exministra Yalal. Las mujeres están presentes en la radio y la televisión y participaron de forma masiva en las consultas electorales que se celebraron en el país durante la transición, en algunos casos con más del 40% de los votantes registrados. Las medidas de discriminación positiva que se han introducido en la legislación han favorecido que algunos puestos de responsabilidad fueran ocupados por afganas.