Fue un simbólico y contundente gesto de apoyo a la libertad de prensa en Rusia. Antes incluso de entrevistarse con Vladimir Putin, la secretaria de Estado estadounidense, Condoleezza Rice, se reunió ayer en Moscú con los colegas de la periodista Anna Politkóvskaya, crítica irredimible del presidente ruso asesinada el pasado 7 de octubre. "El mundo ha perdido una persona valiente e importante. Es evidente que el destino de los periodistas independientes en Rusia causa una gran preocupación", señaló Rice ante los periodistas de la revista Nóvaya Gazeta.

Allí es donde trabajaba Politkóvskaya, conocida por sus críticas a la campaña militar en Chechenia y los abusos contra los civiles. A este emocionante encuentro en el Hotel Marriott, que precedió a la entrevista con Putin en el Kremlin, asistió el hijo de Politkóvskaya, Ilya. Un portavoz del Departamento de Estado de EEUU subrayó que el gesto no escondía crítica alguna a la política de Rusia hacia los medios de comunicación independientes y que se trataba de un "gesto humano". Pero el Kremlin lo interpretó como un desafío.

LACÓNICOS Las televisiones controladas por el Estado declararon un boicot informativo a la visita de Rice, mientras que el servicio de prensa del presidente se limitó a difundir un lacónico comunicado para confirmar el breve encuentro con Putin. "La secretaria de Estado puso al presidente al corriente de sus negociaciones en Tokio, Seúl y Pekín. También se habló de la próxima cumbre entre EEUU y Rusia", declaró el portavoz Alexei Gromov.

La fría recepción en el Kremlin, sin cámaras ni declaraciones a la prensa, impidió que Rice hiciera públicas sus quejas sobre la violación de los derechos humanos por parte de las autoridades rusas, misión que se había propuesto la víspera de su visita al país. Además de expresar su preocupación por el futuro de la prensa libre, Rice criticó en Moscú la nueva ley rusa de oenegés, que obliga a todas la organizaciones sin ánimo de lucro de origen extranjera a registrarse de nuevo.

LAVROV PIDE DIÁLOGO La jefa de la diplomacia estadounidense terminó en Moscú una gira que la llevó antes a Tokio, Seúl y Pekín. Rusia aprovechó para oponerse de nuevo a la decisión de Washington de endurecer la presión internacional sobre Pyongyang y Teherán para hacerles abandonar sus planes nucleares. El ministro de Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, dijo a Rice que hay que abrir la puerta al diálogo.