El Gobierno francés está dispuesto a atajar con dureza la violencia en los suburbios de las grandes ciudades tras varios días de episodios violentos en las afueras de París. El anuncio lo hizo ayer el primer ministro, Dominique de Villepin, quien se mostró favorable a desplegar más policías en los barrios parisinos.

Para evitar más conflictos, Villepin prometió sanciones "inmediatas y ejemplares". Una mayor agilidad judicial, dijo, va a permitir la presentación inmediata ante el juez de los menores y adultos que se enfrenten a la policía, como en el 2005.

"No deben existir zonas de impunidad", respondió Villepin al ser preguntado sobre el incendio de dos autobuses, horas antes, a manos de dos grupos de encapuchados, varios de ellos armados con armas cortas, en dos barrios de las afueras de París, Bagnolet y Nanterre, sin que hubiera heridos. "No podemos aceptar lo inaceptable", insistió.

AMBIENTE EXPLOSIVO La iniciativa de Villepin se producen cuando el ambiente en los barrios conflictivos franceses es en extremo explosivo, especialmente en la periferia de París, según los servicios de información de la policía francesa. Diversos ayuntamientos han expresado su inquietud por los efectos de la mediatización del aniversario de los sucesos. Sus portavoces declaran que la presencia de periodistas y la insistencia de los medios está recrudeciendo los índices de violencia.

Sin embargo, Villepin declaró que la situación ha mejorado porque "se ha hecho un esfuerzo" para dar respuesta a los problemas sociales de esos barrios. El primer ministro se refirió al fomento del empleo, al acceso a la vivienda y al desarrollo económico de las banlieues.