A.C. Lefeu (juego fonético que en francés se escucha como "basta de fuego") es el nombre de un colectivo que nació en Clichy-sous-Bois hace un año para "dar la palabra a los que en lugar de quemar coches prefieren hablar". El colectivo recorrió toda Francia en seis meses, cuaderno en mano, y ayer presentó en el Senado más de 20.000 peticiones para ver "si alguien hace algo de verdad", según insiste Samir Mihi, portavoz del colectivo.

El libro recoge todas las quejas de los habitantes de la periferia en primera persona. "Tengo un pequeño problema de inspiración, debe ser que tuve que dejar muy pronto la escuela porque no había dinero en casa", escribe Mamadu; pide más centros para sus hijos.

El acoso policial

Lejos de transformarse en un muro de las lamentaciones, la iniciativa de A.C. Lefeu se convirtió en una plataforma de reflexión sobre la miseria humana a las puertas de la ciudad de la abundancia. "Cuando voy al trabajo tengo la sensación de ser una rata que va a buscar su trozo de queso para volver por la noche a su agujero", escribe Ibrahim Sako, mecánico de 21 años.

"Lo de quemar los coches fue simplemente un SOS, pero nadie vio la causa del humo", explica Hasán, un chico de 15 años sin "ganas de ir a la escuela". "Lo peor de todo es que Nicolas Sarkozy ministro de Interior va a hacer su negocio electoral con nosotros", afirma desesperado Gilles, al tiempo que lanza un llamamiento de "todos a las urnas". "¿Por qué los policías nos tratan de tú?", pregunta un anónimo. "¿Por qué no hay comisaría en Clichy?", se interroga una mamá argelina.

"Tenemos problemas para estudiar y encontrar trabajo porque vivimos lejos, porque somos pobres, tenemos la piel oscura y la policía no nos deja en paz", asegura Daniel, de 15 años. "No tenemos intimidad, ni sitio para estudiar. No se puede tener ninguna actividad en esta cité podrida. Algo tenemos que hacer, y lo único que nos sale es la violencia porque la llevamos dentro", se indigna Rachid, de 18 años.

Pero A.C. Lefeu quiere ir más lejos y canalizar esta ola de frustración a través de las listas electorales. La consigna es: apuntarse antes del 31 de diciembre para poder votar. "Intentamos explicarles que unidos y movilizados podemos tener peso en las elecciones presidenciales, y que nuestra fuerza obligará a los políticos a comprometerse y a cumplir con sus promesas", explica con cierta demagogia Mihi, entrenador deportivo y ahora mediador.

Al mejor postor

Políticamente no quiere situarse todavía. "Le parecerá cínico, pero estamos dispuestos a vendernos al mejor postor". Solo buscan resultados y no escatimarán esfuerzos para conseguirlos. Son conscientes de que queda poco tiempo para movilizar a los jóvenes y a los viejos con derecho a voto, pero cuentan con la ayuda de estrellas del mundo de la inmigración que también han comenzado a hacer campaña para que "estos franceses de segunda y de tercera utilicen la única arma legal en una democracia: el voto".

En Clichy-sous-Bois la cosa no será fácil, aunque las perspectivas son buenas. Hace poco más de un año, para el referendo sobre la Constitución Europea, solo había 7.900 personas inscritas sobre 28.000 habitantes de la localidad. Ahora, según A.C., son ya 1.000 más y esperan que, para final de año, habrán triplicado por lo menos esta cantidad. Los partidos ya se disputan este maná, que naturalmente todos quieren para sí.