Esta es la tercera vez desde la segunda guerra mundial que en Italia se descubren redes de espionaje ilegales en el interior de las instituciones. El primer escándalo, de los años sesenta, se identificó con el Sifar, el contraespionaje de la época. El caso terminó oficialmente con la quema de miles de dosieres ilegales. Al cabo de 20 años estalló el llamado caso de la P2, nombre de una logia masónica que disponía de copias de aquellos dosieres destruidos y de otros posteriores. Afectaban a políticos, sindicalistas y obispos, unidos por el supuesto común denominador de ser de ideología de izquierdas.