Entre rumores de multitudinarias demostraciones de fuerza en las calles, amenazas de guerra civil y escasos llamamientos al sentido común, la franja de Gaza mira con una mezcla de ansiedad y temor hacia El Cairo, donde este fin de semana debe celebrarse una cumbre que todas las fuentes coinciden en señalar que es la última oportunidad para Hamás y Al Fatá: o ponen fin a sus diferencias o estallará un conflicto generalizado. En previsión de lo peor, las dos facciones se están rearmando con fusiles, pistolas, explosivos y lanzagranadas, según dijeron a este diario fuentes de la seguridad palestina y de ambos partidos.

"Ellos se están rearmando con todo tipo de armamento y nosotros, también. Nuestra paciencia se ha acabado, y si nos atacan la respuesta será dura", explica un líder de Al Fatá en Jan Yunis, uno de los puntos más calientes de la franja, quien añade: "En cuanto a armamento, Al Fatá tiene cantidad y calidad". Al arsenal del que disponen las diferentes milicias del partido del presidente de la Autoridad Nacional Palestina (ANP), Mahmud Abbás (Abú Mazen), hay que añadirle las fuerzas de seguridad. Esta semana, Abú Mazen ordenó el despliegue, aunque no precisó fecha, de 20.000 soldados de su flamante guardia presidencial, que en estos tiempos de boicot internacional a la ANP recibió recientemente una financiación directa de EEUU de 15 millones de euros.

CONTRABANDO Por su parte, el armamento de Hamás procede del contrabando de armas a través de túneles en la frontera entre Gaza y Egipto. Esta semana, el jefe del Estado Mayor israelí, Dan Halutz, afirmó que hay al menos un centenar de estas construcciones en el subsuelo de Rafá, algunos de ellos de un kilómetro y medio de longitud. Además, según fuentes de la seguridad palestina, el movimiento islamista está entrenando escuadrones de la muerte de acción rápida. Tampoco parece faltarle el dinero a Hamás a pesar de la crisis económica generalizada que asola Gaza. A los instructores de estos escuadrones, según varias fuentes, les pagan en torno a 100 euros diarios, una auténtica fortuna para el nivel de vida del país.

Todo ello en previsión de que el bloqueo al que han llegado las negociaciones para formar un Gobierno de unidad nacional con el que salvar el boicot internacional ha llegado a un punto de inflexión. Esta semana, Egipto hizo llegar al líder de Hamás en el exilio, Jaled Meshal, una propuesta final que incluía un pacto para intercambiar al soldado israelí Gilad Shalit --capturado en junio en Gaza-- por 1.000 prisioneros palestinos y la formación de un Ejecutivo de tecnócratas sin filiación política.

DEFENSA POR LA FUERZA Meshal ha sido citado este fin de semana en el Cairo, junto a representantes de Siria --país que protege al líder de Hamás-- y de Al Fatá para analizar esta propuesta. Si Meshal acude a la capital egipcia y acepta el pacto, los nubarrones se despejarían. Si no, analistas y miembros de ambas facciones coinciden en esperar lo peor: Abú Mazen nombraría un Gobierno por decreto o convocaría un referendo para desbloquear la situación. En ambos casos, Hamás ya ha anunciado que defenderá por la fuerza su victoria en las urnas y su legitimidad para gobernar. Y todo ello mientras los estamentos militares israelís estudian una nueva operación militar de envergadura en Gaza con los objetivos oficiales de impedir el lanzamiento de cohetes y el tráfico de armas. La conjunción de tanta violencia puede ser devastadora.